14 minutos

Tan sólo 14 minutos. Era el tiempo justo que necesitaba para llegar hasta el lugar soñado. Había pasado toda su vida preparándose para ello y sólo le faltaban 14 minutos, 840 segundos que pasaban acariciando su vida, lentos, eternos… Lo tenía todo planificado. Había pensado cómo entraría por la puerta, cuáles serían sus gestos, en que preciso momento se emocionaría… No había nada que pudiera estropearlo, nada. Se había aislado del mundo real. Abrió el bolso y lo comprobó una vez más: el móvil apagado, los pañuelos, el frasquito de perfume para ponerse la última gota… Todo en orden. Se pasó revista por encima. Todo en orden. Había llegado el momento.

Tres minutos, 180 segundos. Lo justo para entrar saludar, hacer una corta declaración a la prensa y ocupar ese ansiado lugar. Subió el primer escalón, el segundo, el tercero. Se acercó al ujier para desearle buenas tardes y, al ver su cara pensó que el mundo no se había aislado de ella y tembló.

“Señorita Álvarez. He intentado localizarla para comunicarle que el presidente de la Academia ha sufrido un infarto. Está bien, no hay peligro, pero el acto de hoy se ha suspendido. Ya le comunicaremos la nueva fecha”.

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