Tirana fantasía

Fasim

Lo había conseguido. Tenía todo lo que siempre había soñado: un bonito ático convertido en lúgubre con un casero buenazo que no sabía cómo quitárselo de encima, una existencia crápula, un trabajo sin importancia y poco exigente que le daba el dinero suficiente para sobrevivir en ese mundo aprendido de las novelas que absorbía. Todo.

Aquel día, satisfecho, salía de trabajar para una noche más sumirse en el submundo por el que tanto había luchado. Mujeres, alcohol, drogas… Todo estaba a su alcance, tenía lo único que quería día tras día durante dos años. Había salido de la opresión para encontrar la ciudad perfecta, para integrase en el mundo perfecto, en la libertad absoluta.

Atravesó la calle desierta de martes y se dirigió a ese local en el que seguramente estaría aquella chica que había dejado pendiente el día anterior, una más o una menos, según se mire, pensó. Hoy no se le escaparía. Entró, miró, la vio y actuó. Ya estaba todo hecho. Horas más tarde, justo en el momento en el que empezaba a poseerla, algo en su interior se rompió. Sintió la misma opresión de antaño en su ciudad de origen. Se sintió prisionero de su propia fantasía.

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