Consideraciones sionistas

Como cada día, estaba repasando hoy la prensa digital y me he encontrado con un nuevo esperpento, con una nueva indignidad del Gobierno de Israel. Resulta que el señor Netanyahu va a repatriar a unos 400 hijos de inmigrantes, junto a sus familias, para “garantizar el carácter judío del estado”, según cuenta Periodismo Humano en contra, incluso, de Shimon Peres, una asociación de sobrevivientes del Holocausto y hasta su propia esposa, que se han mostrado totalmente contrarios e indignados con esta medida.

Cada vez entiendo menos y cada vez me parece más aberrante que la comunidad internacional le dé legitimidad a un Ejecutivo que pone en marcha acciones de este tipo, entre otras muchas. Curiosamente, esta semana estaba viendo un reportaje sobre Israel y un rabino decía que la religión no fomentaba la confrontación sino que era conocimiento y éste es imprescindible para la evolución y la paz. ¿Qué conocimiento? ¿De qué habla ese señor?

A Israel no le importa nada y no le importa utilizar sus convicciones de fe para cualquier cosa, incluso para algo tan indignante como para truncar el futuro de cientos de niños, para condenarles al ostracismo, a una pobreza mayor aún de la que sufrirían quedándose en el Estado y a un periplo infernal en busca de un lugar donde pasar el resto de una existencia totalmente incierta.

No sé si recuerdan que fueron precisamente ellos, los gobiernos, los que crearon eso que ahora llaman problema al fomentar la inmigración de trabajadores de la construcción, la agricultura y el servicio doméstico para sustituir a los palestinos, a los que prohibieron trabajar en Israel (otra brutalidad más de los israelíes). Hoy, muchos de ellos ya sin permiso de residencia, no sirven para nada, igual que cualquier producto mercantil que se ha quedado sin utilidad.

Tampoco sé si estos señores recuerdan las vicisitudes que han tenido que pasar a lo largo de su historia de Holocausto, expulsiones y traslados varios… Creo que no sólo no es que no lo recuerden sino que son como esas personas que infligen a los demás los mismos malos tratos que ellos han sufrido.

A todo ello hay que añadir que el uso que hacen de la palabra humanidad. Es tan surrealista lo que está pasando que dice Netanyahu que sienten y comprenden a los niños, y que entiende, por un lado, el PROBLEMA HUMANITARIO. ¿Qué lado, qué humanitario? ¿Qué dice este señor?

En el fondo, creo que lo único que entiende el primer ministro es que el promotor de la campaña de expulsión es Eli Yisahi, aliado fundamental en la coalición que le hace posible a Netanyahu ser presidente. ¿Cómo le va a llevar la contraria? ¿Qué son unos cientos de niños si está en juego un gobierno?

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