La plenitud

Se sentó con un desparpajo que no reconocía en ella y viajó. Viajó por cielos de jugosas nubes; flotó entre batallas, gritos, alegrías, tristezas y amor; y buceó entre falsedades, mundos paralelos, paisajes surrealistas y lugares inexplorados llenos de bondad.

De repente, cuando sus dedos comenzaron a tocar esa paz serena que siempre había anhelado, un estallido le devolvió a la realidad. El auditorio estaba en pie, los aplausos le ensordecían y dos incontroladas lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas mientras la gente gritaba emocionaba por lo que acababa de ver.

Entonces, comprendió que no lloraba por ese éxito tan perseguido y por fin conseguido sino porque sin proponérselo, sin que las personas que la vitoreaban se lo pudieran imaginar y sin que ese hubiera sido su objetivo acababa de alcanzar su plenitud.

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