Supervivencia

Ayer veía un vídeo que viene a confirmar la falta de solidaridad que se está extendiendo en la sociedad occidental. Una mujer en estado de coma pasa dos horas tendida en el suelo de una estación, creo que era en Francia, después de ser agredida. Ninguno de los que allí estaban se paró a socorrerla en todo ese tiempo y la mujer permaneció en el suelo mientras los transeúntes la esquivaban.

Los estudios en varias disciplinas demuestran que el hombre necesita del grupo para sobrevivir y que el rol que desempeñamos en él depende mucho de las culturas. Por ejemplo, mientras en Europa somos más individualistas y, por lo tanto, las personas pertenecemos a un mayor número de grupos, en países asiáticos como Japón, el ser humano es más colectivista y pertenece a un menor número de grupos.

Mi pregunta ahora es, si cada vez vemos más actitudes como la anterior, ¿hacia dónde camina esa necesidad de pertenecer un grupo, hacia la pertenencia exclusiva a grupos que nos proporcionan bienestar?

Hace poco me caí en plena calle y me sorprendió enormemente ver cómo nadie se paraba ni para ver qué me había pasado ni siquiera para esbozar una sonrisa por lo cómico de la caída (algo que antes era habitual más por imposibilidad de refrenar la risa que por alegría del mal ajeno).

Ejemplos como este en la vida diaria vemos a montones: personas que permanecen en la acera pese a que quien viene de frente lleva muletas, coches que no esquivan los charcos empapando al peatón que está esperando para cruzar, aparcamientos en plena acera olvidando que las personas mayores y los niños han de bajar a la calzada para poder pasar con el peligro que eso conlleva…

Cada vez somos más individualistas y esto me hace pensar que la respuesta a la pregunta anterior es precisamente, eso, que nuestra pertenencia al grupo y la solidaridad con los otros la medimos solamente en función de nuestro bienestar.

Pero, ¿qué es el bienestar? Hoy, el bienestar es principalmente poseer lo que, según muchos filósofos y psicólogos, nos genera un mayor malestar. Hemos olvidado lo permanente y nos empeñamos en satisfacernos con objetos materiales que, una vez usados, pierden su poder y generan insatisfacción por la necesidad de poseer otros.

Olvidamos, de esta forma, otras satisfacciones permanentes como la satisfacción por ayudar a otros, la contemplación de la naturaleza o el disfrute de los otros.

No sé si esta crisis servirá para hacernos ver la importancia de la unión para la supervivencia. De momento, el efecto, a mi juicio, ha sido que cada uno mira más por lo “suyo”.

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