El periodismo y la crisis

Leía hoy en El País una interesante entrevista de Laura Lucchini a Giovanni di Lorenzo, director del semanario alemán ‘Die Zeit’ que ha registrado en plena crisis los dos mejores años de su historia. En ella, se dan muchas de las claves de lo que está pasando y lo que puede pasar con los periódicos impresos si, sobre todo, no se comprometen con sus lectores a los que, creo, han obviado deliberada y erróneamente durante los últimos años.

Una máxima en los negocios es que nada te viene regalado y eso parecen haberlo olvidado muchos empresarios de la comunicación que han mirado más por solucionar su cuenta de beneficios con medidas drásticas e inmediatas que la necesidad de evolucionar, reinventarse, trabajar y ofrecer calidad.

En el último año estamos cansados de ver despidos y plantillas multitarea, parcialidad económico-política y un afán de protagonismo inusitado de muchos profesionales que piensan que al público le interesa lo que les interesa a ellos.

Pues bien, ahora viene ‘Die Zeit’ y demuestra todo lo contrario. Adaptación, sí pero sin olvidar lo que sostiene esta profesión: la gente. Porque las ediciones online no significan la salvación de la profesión por sí mismas.

La importancia de la calidad de los contenidos, el ofrecer un producto diferenciado, la independencia de los poderes políticos y económicos, y una plantilla dimensionada y adecuada a la calidad el producto son los secretos del semanario, que además ha introducido mejoras diseño, nuevos productos y una edición online con una plantilla de 60 trabajadores, sin olvidar de la captación de nuevos clientes en las escuelas y universidad.

Sí, una plantilla de 60 trabajadores y en España aún estamos hablando de la multitarea, redactores que por el mismo precio hacen su artículo para el periódico en papel y el digital, en la mayoría de los casos, el mismo artículo.

‘Die Ziet’ ha conseguido todo lo contrario, que sean los propios redactores de papel los que colaboren voluntariamente con la edición digital. Ya un tercio de la redacción convencional lo hace.

Los empresarios de la comunicación deberían dejar de mirarse un poco el ombligo y empezar a escuchar al lector, a escuchar a la sociedad y a darse cuenta de que nuestro protagonismo o el posicionamiento ideológico son las armas que están matando esta profesión, no internet.

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