¡Qué asco!

¡Qué asco!

Hoy me voy a permitir varias licencias: la de ser políticamente incorrecta y la de ser repetitiva, y lo hago porque acabo de ver un vídeo que me imagino habrá visto ya medio país que sólo puedo calificar como vomitivo, lo más asqueroso que puede ser algo que sale de la boca de Salvador Sostres, para mí ya repulsivo per se.

Este señor mental y físicamente bastante limitado se permite hacer durante un descanso del programa de la televisión pública -por llamarlo de alguna manera- comentarios soeces, bajos y repugnantes sobre el sexo, la mujer y su deseo hacia las adolescentes a colación del desfile de Victoria Secret. Lo peor: el público estaba formado por escolares.

Pero por si esto no fuera ya demasiado para cualquier estómago, la conductora del programa -por llamarlo de alguna manera, insisto- Isabel San Sebastián, lejos de abofetearle comienza riéndole las gracias para más tarde reprimirlo suavemente. ¡Un sartenazo en la cabeza como mínimo le daría yo aunque me acusen de apología de la violencia!

Vergonzoso que eso se dé en una televisión pública que, por otra parte, mantiene en su plantilla a un pederasta confeso, Sánchez Dragó. Vergonzoso que se considere ‘voces autorizadas’ a auténticos fantoches que le roban el sueldo a redactores preparados que siguen haciendo su trabajo por un salario mínimo. Vergonzoso que personajes de este tipo lleven décadas en las pantallas soltando por la boca las estupideces que sus complejos fraguan en sus cerebros.

Sí, estoy indignada porque el sector periodístico está atravesando uno de sus peores momentos con una destrucción de empleo comparable al sector de la construcción en algunos casos y esto es lo que tenemos en nuestras televisiones, personajillos como éste que otros llamarán polemizadores e intentarán justificar sus palabras diciendo que eso es un alarde de provocación pero que no es realmente lo que piensa.

Estoy hasta las narices de ver cómo compañeros con una valía incalculable permanecen en sus casas porque otros impresentables han ocupado su hueco. Estoy harta de que los tertulianos –qué palabra más denostada- manifiesten su dignidad frente a los tertulianos ‘del corazón’ cuando son realmente lo mismo. Estoy harta de que toda esta gentuza desvirtúe la importancia del buen ejercicio de una profesión regida por un derecho que está recogido en la propia Constitución.

Lo siento si la forma de expresar mis palabras puede llevar a pensar a algunos que le quita legitimidad a la idea que quiero manifestar pero es que siento tanto asco que es imposible reprimirme.

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