Música de toda una vida III

Pensaba dedicar la entrada de hoy a algo que acabo de ver y que me ha indignado profundamente: la colaboración María Lapiedra-Joan Laporta. ¿Por qué? Porque estoy harta del uso del cuerpo de la mujer para vender, de la vuelta a la España cañí y de la defenestración de la figura femenina. Al final, he cambiado de opinión, sobre todo por mi úlcera, y voy a seguir repasando la música de mi vida.

Hoy mi memoria se traslada a la dorada época universitaria. Recuerdo como si fuera hoy todas y cada una de las escenas que se daban cuando sonaba alguno de estos temas.

La cocina de nuestro piso de estudiantes era el lugar de Guns N’ Roses (en aquel entonces uno de los grupos preferidos de Andrea). Como, además, Mónica tenía el pelo como Slash, más de una vez calló una actuación con vinagrera en el bolsillo incluida para marcar pocket. Era lo que tenía el aburrimiento del estudio de algunas asignaturas.

El billar del Terminal era otro de mis lugares preferidos. Si era posible, de pie sobre la tabla que lo ¿protegía? ¿Qué solía sonar?

Cuando no era posible estar arriba, pues abajo.

Tampoco puedo olvidarme de los Fabulosos Cadillacs, que fueron banda sonora en más de una juerga. Lo normal era escuchar Matador pero hoy tengo ganas de poner este otro tema de estos grandes.

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