La era de los concursos

El 10 de enero de 2004 publicaba en el periódico La Opinión de Tenerife este artículo de opinión. Tras ver como Gran Hermano fagocitaba CNN+ me acordé de él y he decidido reproducirlo porque no sólo nada ha cambiado sino que ha ido a peor y lejos de evolucionar, este tipo de concursos ha involucionado y coartado la imaginación para cualquier otro tipo de programación. Aquí se lo dejo. Tengan en cuenta que en aquel entonces aún no había muerto Juan Pablo II.

“Pese a lo que pueda parecer por el título, esto no va del resucitado y sempiterno Un, dos, tres, aunque quizás si mi generación no hubiera crecido con este concurso las cosas serían diferentes. No sé si es culpa del citado programa, de la incapacidad humana o de la apatía que preside el inicio de siglo, pero lo cierto es que no es la era de la globalización ni de la información ni de nada de eso, es La era de los concursos.

Que queremos cantar, pues hacemos un concurso en la tele y ya está. Que queremos ser famosos, pues hacemos otra competición televisiva y asunto arreglado. Que queremos ser locutores de radio, pues proponemos en un programa de radio que se ponga en marcha un concurso, por televisión, eso sí, que tiene mucha más solera para estas cosas.

Esa fue la propuesta que hace unos días hizo un joven que quería ser como Manolo Lama y retransmitir partidos como él. No se le ocurrió que podía estudiar Periodismo o empezar en la radio de su pueblo cantando los goles de su adorado equipo de primera regional. No. Él quería un concurso: Operación Lama, se podría llamar, no por el Dalai sino por Manolo aunque pensándolo bien quién sabe si dentro de poco se elegirá a los líderes religiosos por medio de un concurso. Que se lo vaya pensando el Vaticano que, por lo que parece, tendrá que encontrar un nuevo Papa muy pronto.

Ya puestos, propongo a las productoras y cadenas televisivas que organicen, por ejemplo, un concurso para buscar al mejor cirujano. Esta área daría mucho juego, puesto que a la emoción de las expulsiones se une la gran cantidad de casquería que habría en prime time. El campo es infinito y quién sabe si en unos años, para evitar polémicas, alguien propondrá que los Nobel salgan de una casa donde previamente se ha encerrado a los más sabios del planeta.

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