Reflexiones alrededor de nada

Lo más fácil de este mundo es reflexionar sobre todo y sobre nada. Las reflexiones sobre uno mismo una noche ociosa de cualquier mes son aún más agotadoras que las reflexiones sobre el universo, el mundo o el absurdo comportamiento de sus habitantes. Son aún más agotadoras que el darte cuenta de cómo los pensamientos de muchos son dirigidos por otros y los de esos, a su vez, por otros.

Entonces, ¿de dónde parten las ideas? Pues quizás de la ociosa noche de cualquier mes de cualquier otra persona, quién sabe.

Es como pensar en la soledad e intentar definirla o pensar en la alegría e intentar definirla. Todo son momentos, finitos, moribundos desde su comienzo, ilusiones que se rompen o se agotan en su propia ilusión. Y no por eso han de ser negativas, todo tiene un final pero mientras dura a veces producen los sentimientos más hermosos jamás vividos.

Subirse en la montaña rusa, sentir el estómago en la boca es maravilloso. Bajar hasta la extenuación augura una maravilla aún mayor en la subida. Subir-bajar, bajar-subir. Círculos concéntricos encerrados en un cubo con una entrada y una salida que se encuentran cuando no se  buscan. Noches, noches y más noches, felices, amargas, dulces, largas, cortas, atormentadas, insomnes, llenas de pasión. Al fin y al cabo, una detrás de otra sin esperar nada de la siguiente.

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