Los grises del profesorado

Llevo alejada de este blog un tiempo por cuestiones laborales y me he pensado mucho si redactar esta entrada o no pero una conversación ajena me ha decidido a escribir sobre este asunto ya agobiada por la impotencia de ver como un colegio entero pasa de un niño con problemas.

Estaba el otro día en el supermercado y tuve que oír a una profesora decir que había que echar de su trabajo a una periodista porque había criticado la actitud en general del cuerpo docente en un programa de una televisión pública y eso era inadmisible. ¡Qué bien se juega con el pan de los demás cuando uno el suyo lo tiene seguro de por vida!

Por lo visto, la periodista había comentado que sentía una menor implicación del colectivo docente con los niños y que había menos vocación entre los que formaban parte de él. Pues bien, para la profesora era motivo de despido. ¡Así de fuerte! Que la culpa de todo la tenemos los periodistas.

Pues bien, quiero contarle una historia a esa profesora no sin antes matizar que conozco profesores muy comprometidos, que se vuelcan en su trabajo y que le dedican más horas que nadie aunque los integrantes de la historia no son el caso.

Quiero contarle como en un colegio concertado por el que se paga mensualmente una cantidad, y si no la pagas ya sabes a qué atenerte, se niegan a reconocer el trastorno de atención de un menor porque eso les genera problemas.

Quiero contarle que mientras el niño está diagnosticado y medicado por profesionales ajenos al centro la coordinadora sigue diciendo que no tiene nada.

Quiero contarle que los profesores le echan de clase porque es un impertinente y que tan sólo una, en más de diez años que lleva en el centro, se preocupó por si su actitud se debía a un TDAH o trastorno de atención por hiperactividad.

Quiero contarle que el niño es el gamberro del colegio en las reuniones de profesores y entre unos y otros se advierten para que lo echen de clase a la mínima molestia.

Quiero contarle que tiene un cociente intelectual por encima de la media que nadie le ha potenciado porque era un gamberro, y pasa curso a curso renqueante y sin saber muy bien nada sobre nada.

Quiero contarle que no ha recibido ni una clase de apoyo, que no ha tenido ni una conversación con sus tutores, que nadie se ha preocupado por él y que, por supuesto, el colegio no ha cumplido la normativa en relación a este asunto.

Quiero contarle que los padres llevan desde los cinco años intentando hacer ver a esos profesores que el niño podía tener un problema por una situación familiar complicada.

Quiero contarle que si no hubiera sido por el interés de una sola profesora y por la lucha de sus padres el niño estaría condenado a ser un fracasado.

Es así de duro. La educación de los hijos depende de los padres pero, en gran medida, también depende de los profesores que han pasado de tratarles como personas a convertirlos en un número y si decir esto es motivo de despido, pues que esa profesora pida también el mío.

¡Ah! y que no se me olvide contarle que mientras ella el viernes previo a la semana de Carnaval abría la puerta de su casa a las 15:00 horas (es mi vecina y coincidí con ella) con la alegría de no volver a trabajar hasta una semana más tarde,  a la periodista que la criticó probablemente le esperara el día más largo de la semana seguido de todos los festivos trabajados.

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