Familiaridad y compadreo

Reiteradamente veo en programas de televisión, sobre todo, pero también escucho en la radio como los periodistas llaman a personajes públicos por su nombre de pila, como si todos supiéramos a quien se refieren cuando hablan de Alfredo, Pepe o Mariano. Quizás sea yo la equivocada pero aparte de dar muy mala imagen, me parece una descortesía hacia la audiencia que no tiene por qué saber de quién están hablando.

Es cierto que el contexto da pistas pero lo lógico sería referirse a ellos con nombres y apellidos, para aquellos que acaban de llegar o para los que no están familiarizados con el tema sobre el que están hablando.

Luego está lo de la imagen, que para mí, se resiente bastante cuando se habla de esa forma, fundamentalmente, por el concepto de familiaridad y compadreo que se transmite, lo que resta credibilidad e independencia.

Es cierto que cada vez los medios de comunicación están más definidos políticamente. Es el periodismo de camiseta, que dice un compañero. Ese periodismo que no tiene reparos en vestir el equipaje de un equipo y lo dice sin tapujos. ¿Pero qué pretendemos con esa familiaridad? Mariano es Mariano Rajoy o Rajoy, Alfredo es Alfredo Pérez Rubalcaba o Rubalcaba, Pepe es José Blanco o Blanco, por eso de ajustarse al tiempo o al espacio, y no hay por qué llamarlos como si estuviéramos hablando de un cercano conocido aunque el medio en el que se trabaja tenga una u otra línea editorial.

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