Sin saludos

Fue justo en ese momento cuando empezó todo. Salió a la calle y en el portal nadie le dio los buenos días. Entró en el mercado y absolutamente nadie la saludó, ni siquiera en lo puestos a los que se acercó a hacer sus compras. Llegó al trabajo y todo el mundo la ignoró. Llegó al vestuario de las instalaciones deportivas a las que iba todos los días y nadie contestó buenas tardes. Los que se iban tampoco decían adiós. Hoy, se dio cuenta de que la creciente antipatía que aquel día se había apoderado de todo el entorno tras meses de trabajo, uno a uno, había gestado algo peor, engendraba una actitud social en la que cualquier conflicto se resuelve mediante la prohibición en vez de mediante el diálogo.

Imagen del blog Mi castillo interior

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