La mejor merienda

La bolsa de tela con la que mi abuela salía a por el pan sobre el taquillón de la entrada. Dentro, un bocadillo  -normalmente de queso de mi pueblo o jamón de york y el día que había suerte pan con vino y azúcar, o chocolate-, un jugo, una botellita de agua, unas poquitas patatas fritas y algún que otro dulce -una rosquilla, una magdalena…- Mi abuela Concha preparaba unas bolsas de merienda espectaculares.

En la galería, mi corazón saltando de alegría y mi abuelo dando vueltas buscando algún juguete o recordando las historias que iba a utilizar durante el camino, quién sabe.

Recuerdo los días en los que mi abuelo Fidencio nos llevaba a merendar a la piedra de don Braulio o a camino La Mata como los más especiales de mi infancia. Yo le suplicaba que me llevara y creo recordar que mi hermano, también. Mi hermana la peque no tuvo tanta suerte. Mi abuelo empezó a perder la memoria y ya no recordó nunca más esas tardes de merienda e historias. El Parkinson se las robó.

Hoy quiero recordarlas yo en este blog. Fuera del Día Mundial del Alzheimer, fuera del Día del Parkinson y fuera de cualquier convencionalismo porque esas tardes eran tan especiales que para mí no merecen ser una historia más de un día señalado.

Aquí queda mi recuerdo con la ilusión de que en internet permanezca para siempre y ojalá mis padres algún día sientan el placer de dejar el mismo recuerdo en sus nietos que dejaron las meriendas de mi abuelo en mí.

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