Santos y patrones

Nunca pensé que el 24 de enero, San Francisco de Sales, iba a ser un día de santos y patrones. Desde que tengo memoria y quise ser lo que soy hoy, periodista, nunca pensé que un día como éste se podía convertir en el triste día en que lloramos los males de una profesión más vocacional que otra cosa. Nunca ha sido la panacea, siempre fue duro estar dentro, pero hoy más que nunca hace aguas acuciada por unos males perfectamente localizados pero a los que nadie pone remedio.

Al final todo se circunscribe a santos y patrones, santos entendidos como todos esos luchadores que se juegan día a día su futuro por mantener la dignidad de la profesión más bonita del mundo y patrones -de dentro y de fuera, periodistas y empresarios- más preocupados por otras cuestiones como el dinero, la notoriedad, la influencia… Seguro que se les ocurren muchos más sustantivos nada beneficiosos para el prestigio de esta profesión.

Antes que nada quiero entonar el mea culpa, el mea culpa por lo que yo he podido dañar mi oficio y por no ser más valiente y seguir el ejemplo de compañeros como los de periodismohumano o GuinGuinBali, entre otros, que han demostrado que nuestro futuro solo está en nuestras manos y en nuestra unión.

Y como no quiero que éste sea un día triste voy a recordar muchas de esas razones por las que un día quise ser periodista y que se resumían en una: quiero contarle historias a la gente, historias que pasan y que no conocerían de otra manera.

Por eso, quiero tener un recuerdo:

  • A todos los que me forjaron.
  • A todos esos sucesos cubiertos cuando ibas a hacer otra cosa.
  • A todas esas entrevistas de las que tanto aprendemos.
  • A esas tardes en la redacción debatiendo para ofrecer la mejor información.
  • A mis compañeros y todo lo que me enseñan.
  • A la investigación necesaria para hacer una buen reportaje.
  • A las horas de llamadas para contrastar noticias.
  • A las llamadas a la redacción en días libres para avisar de una noticia.
  • A las risas, los llantos y los enfados.
  • A todas esas personas que nos cuentan su historia.
  • A todos los lectores, telespectadores u oyentes y lo que nos demuestran.
  • A todas las estrategias de comunicación.
  • A todos los sentimientos generados en cada una de las noticias, reportajes, entrevistas, opiniones…
  • Las noches sin dormir tras un día difícil.
  • Los nervios ante nuevas responsabilidades.
  • La adrenalina de trabajar bajo presión.
  • Las cervezas después del cierre…

Y tantas, y tantas otras razones. En definitiva, un recuerdo para esas pequeñas cosas, diferentes pequeñas cosas para cada uno, que hacen de esta profesión la mejor del mundo. Y me niego en un día como hoy a dejar sin mencionar a uno de los más periodistas que he conocido en mi vida. Ahí está la foto porque ese es uno de los mejores  y más difíciles momentos que he pasado en esta profesión.

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