¿Periodistas o aguafiestas?

  • ¿A quién satisface más una declaración del campeón tras un partido, al periodista (o jefe del medio) o al oyente?
  • ¿Qué aficionado presta atención a una declaración recién acabado el partido si su equipo acaba de ascender de categoría?
  • ¿Qué no aficionado presta atención a esas declaraciones?
  • ¿Qué diferencia hay entre el “yo he hecho” de un político y “yo he conseguido” de un periodista (o jefe del medio)?
  • ¿Qué diferencia hay entre el acoso a un famoso en una aeropuerto y el acoso a un deportista en medio de una chancha, vestuario, campo…?

Sé que muchos compañeros criticarán esta entrada y yo aceptaré que no estén de acuerdo conmigo pero mi opinión es que hemos llegado al absurdo. Yo me he hecho estas preguntas y me he dado cuenta de que yo también he caído en su trampa.

El domingo fui a ver el partido del Canarias, un partido que suponía su ascenso a la Liga Endesa y salí estupefacta porque los periodistas hurtaron a la afición la celebración con el equipo. Así de simple. Robaron a esas personas que siguen semana tras semana a su equipo la posibilidad de compartir su alegría con los jugadores.

En el duelo de titanes absurdo de yo soy el primero, los periodistas de radios y televisiones saltaron a la pista, supongo que muchos de ellos o quizás todos obligados por sus jefes, a entrevistar a todos y cada uno de los jugadores que intentaban reunirse en el centro del campo para celebrar primero ellos y luego dedicárselo a la afición. No fue posible y todo para nada porque, realmente, a mí como oyende me da exactamente lo mismo escuchar esas declaraciones y, lo que es peor, tener que soportar durante una semana el autobombo de la emisora o televisión que las ha conseguido.

No contentos con eso, los jugadores entraron al vestuario y cuando volvieron a salir para celebrar con su afición, ahí volvían a estar los onmipresentes micrófonos. A todas éstas, la mitad del pabellón se había ido con un sabor agridulce por lo frío de la celebración. Fue tan absorbente la actitud de los periodistas que hasta los agentes de la UIP de la Policía Nacional fueron más permisivos con los jugadores que se acercaron hasta la grada unos veinte minutos después de terminado el partido para abrazar a los aficionados y familiares, y celebrarlo con ellos.

Llevo años repitiendo que esta profesión es otra cosa diferente a esa perversión. Que no hay diferencia entre ese tipo de periodismo y el rosa que persigue a los famosos. Creo que hemos perdido el norte y, sobre todo, ojalá me equivoque, pero estas actitudes solo demuestran que los que tienen en sus manos esta profesión (muchas veces más los que mandan que lo que ejercen) no tienen ni pajorera idea de lo que significa el derecho a la información.

El domingo, como aficionada al baloncesto, me enfadé. Me sentí, sin ser una forofa del Canarias (lo reconozco soy del Estudiantes), estafada y ultrajada por mis compañeros o por quienes mandaban en ese momento a mis compañeros.

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