Demagogia contra ciencia

A lo mejor este post llega un poco tarde pero llevamos semanas, meses, no sé, oyendo hablar del daño que han hecho a la Selección Española o que iban a hacer a la Selección Española los Real Madrid-Barça o Barça-Real Madrid, para que no haya suspicacias. Según los periodistas, había una auténtica batalla campal en el vestuario, se odiaban, se tenían que llamar para arreglar lo incorregible y, ahora, de repente, se escandalizan porque uno de los jugadores les dice que hay muchos a los que les hace felices que las cosas vayan mal.

Después de una pelea en el partido de los españoles contra Chile cambiaron de opinión. Pues bien, no hacía falta la pelea, simplemente hacía falta que los periodistas se hubieran acercado un poco a la Sociología, a la Psicología Social o, simplemente, al sentido común por encima de la demagogia.

Hay un principio claro y bastante coherente, ya digo, analizado en Psicología Social: la mejor manera de integrar a dos grupos que guardan hostilidad entre ellos es ofrecerles un enemigo común. Es decir, cuando me enfrento al eterno rival me dejo los dientes y cuando me enfrento con él a otro, también me dejo los dientes.

Curiosamente, una de las investigaciones que estableció este principio se realizó con hinchas de fútbol ingleses de diferentes equipos rivales que terminaron uniéndose ante un objetivo común.

Quien ha practicado un deporte de equipo no necesita saber de Psicología Social para conocer ese fenómeno. Quien ha practicado un deporte y, por qué no, ha realizado un trabajo en equipo sabe que los objetivos comunes unen y los distintos separan y, además, en poco tiempo.

Pues bien, o esos periodistas no han trabajado en su vida en una redacción o no tienen experiencia en la vida o, la opción por la que yo me decanto, vamos a abrazar la demagogia que hay que llenar minutos de televisión y radio, y páginas de periódico que, además, deben tener seguidores para poder ganar dinero.Así está el periodismo.

Celebración agridulce

Escribo este post desde el estómago y aún a sabiendas de que me repito porque me quedé muy triste cuando vi lo que ocurrió con el Barça de baloncesto a su llegada al Prat después de haber ganado la Liga ACB.

No había nadie, ni una sola persona dando ánimos a los jugadores ni un solo chiquillo pidiendo un autógrafo ni un solo mortal que felicitara a unos jugadores que han dado una lección de baloncesto. Nada que ver con la división de fútbol.

Ver las caras de los jugadores era un poema y, pese a que luego había celebración en el Palau -tampoco con gran asistencia de público-, fue realmente desolador observar como nadie reconocía a unos deportistas que están a la altura de los del fútbol o incluso más.

Es así. Los clubes pierden grandes cantidades de dinero con las secciones de baloncesto y si nadie lo remedia seguiremos condenados a sufrir fútbol y más fútbol, más Messi, más Neymar, más Agüero, más cotilleos que nada tienen que ver con el deporte.

Los medios tenemos culpa, los dirigentes deportivos, también y yo solo rezo porque nos dejen  la diversificación en el deporte a los pocos que nos gusta algo más que el fútbol.

Esta entrada parte del afán de aportar un granito de arena por la supervivencia del deporte en general y por lo que realmente significa, no de un solo deporte conquistado por el capital.

Recuerdo cuando era una niña y todos se reían de mi torpeza. Todo empezó con tres años cuando se me ocurrió decir que no sabía correr y la ‘señorita’ me hizo correr delante de todos los niños de la clase, todos mayores que yo uno o dos años y todos riendo de cómo intentaba ir de una pared a la de enfrente. Sé que ella lo hizo con buena intención pero se equivocó.

Desde entonces, temía las clases de Educación Física, me inventaba excusas para no participar en ellas hasta que un día llegó Félix, mi entrenador. Reclutaba niñas para hacer un equipo de baloncesto femenino en mi pueblo y me convenció sin importarle lo que yo calificaba de torpeza y convencido de que me haría cambiar de opinión.

Nunca me sentí mal, siempre disfruté jugando, él sacó todo lo bueno que yo tenía, supo hacerme un hueco en el equipo y hacerme sentir importante y, sobre todo, capaz. Si no hubiera sido por Félix y el baloncesto, probablemente hoy sería una de esas personas que no solo no hacen ejercicio sino que, además, ni les interesa hacerlo.

Debemos recuperar la esencia del deporte fuera de gritos de padres que quieren que su hijo sea Messi, ruedas de prensa contra ruedas de prensa y la sensación que imprime el fútbol de que o eres un crack o mejor que dejes cualquier actividad deportiva.

Simplemente el ‘Granca’

Llevo tiempo queriendo hablar del C.B. Gran Canaria y no quiero que termine la liga ACB antes de hacerlo. ‘I love this game’, como se suele decir, y adoro al Estudiantes por todo lo que siempre ha representado, aunque últimamente está en horas bajas, a mi juicio, por la distancia que ha cogido de su filosofía fundacional.

Ante las derrotas de mi equipo y la influencia familiar, todo hay que decirlo, me he puesto a mirar al Gran Canaria, el equipo con menos presupuesto de la Liga que ha llegado a los ‘play offs’ con holgura y mucho pundonor. Es un ejemplo a seguir. Da gusto verlo jugar en casa y da gusto ver como sus jugadores son felices haciendo lo que más les gusta.

Este es mi homenaje particular al ‘Granca’ por haber sabido hacer las cosas. Conozco a un gran jugador que jugó en ese equipo después de pasar por Juventud y  Xacobeo, entre otros, y lo único que puede decir de su paso por el ‘Granca’ es que por primera vez se sintió simple y plenamente feliz jugando al baloncesto. Feliz en el equipo, feliz en la ciudad y feliz con la afición.

Mucha suerte en las eliminatorias. Son un gran equipo.

Piqué y el buen periodismo

Juré que no iba a hablar de los clásicos y de todas las especulaciones sobre ellos pero voy a faltar a mi palabra a causa de mi indignación porque el periodismo que están haciendo los diarios deportivos cada vez tiene menos que ver con el periodismo y más con un patio de vecinos.

Pues bien, resulta que Marca publica una trifulca ocurrida en el túnel de vestuarios del Bernabeu, donde no tienen acceso los periodistas, sin citar fuentes y sin comprobar con las partes si esa historia era cierta o no y todos los medios de comunicación del país se hacen eco de unos insultos de Piqué que el jugador ha desmentido por todos los canales que ha considerado.

Sí, así estamos. Ni nos planteamos si es cierto, por muy fiable que sea la fuente, ni comprobamos la información ni damos la oportunidad de hablar a los implicados y mostrar su visión. Simplemente alguien cuenta algo, supongo que alguien de toda confianza al menos, y ya está. Lo lanzamos. ¡Qué buenos somos que lo tenemos y no lo tiene nadie!

Eso sin contar con la irresponsabilidad de atribuir al jugador unas palabras que, lejos de fomentar el deporte limpio introducen un agravante político entre los aficionados que puede dar lugar a enfrentamientos no deseados.

Igual estoy equivocada y acepto explicaciones en contra de mi postura pero es que a mí me da vergüenza este tipo de periodismo que se pasea triunfal por televisiones y radios cuando lo único que han conseguido es chismorrear. Ejerzamos la profesión de una vez como se merece y dejemos de mercadear con las palabras que, al final, habremos contribuido un poquito más a la crisis en la que está sumida la prensa.

No más pan ni más circo

Me planto, no quiero más. No quiero más pan ni más circo. Cuatro partidos de fútbol tienen la culpa de haberme enyugado, como muy sabiamente se dice en Canarias.

Esos cinco partidos de fútbol están significando horas y horas de hipótesis, debates, análisis, conclusiones, comparaciones, aburrimiento, repeticiones, propuestas, teorías… Y mientras tanto, el país sigue intentando recuperarse económicamente y mucha gente no sabe cómo llegar a final de mes pero da igual, siempre nos quedará el fútbol.

Por eso voy a cambiar de tercio. Voy a apostar por lo minoritario y voy a hacer una mención a unas luchadoras, a las nuevas reinas del baloncesto europeo, al Halcón Avenida de Salamanca, que ha conquistado contra todo pronóstico la Euroliga femenina de baloncesto tras imponerse al Spartak de Moscú (59-68) en el último encuentro de la Final Four.

El total de lo que cobra esa plantilla, no de las más modestas, era lo mismo que cobraba la mejor jugadora del equipo contrario y ahí están, y no han cubierto horas de radio con ellas pese todo lo que puedan enseñarnos.

Viendo lo que está ocurriendo en los últimos días y analizando los programas con mayor audiencia no me extraña que dos quinceañeras que paseaban por Santa Cruz se hicieran una foto con Rajoy pensando que era Zapatero, tal y como luego le dijeron.

Sigamos con el pan y con el circo.

Mourinho contra Sampedro

He tardado varios días en hacer la segunda entrega de Mourinho porque quería hacer un experimento del que todos conocemos el resultado. Nada más colgar la entrada de Mourinho, el blog empezó a recibir visitas y más visitas hasta el punto de que dobló el número de personas que vieron el post en el que José Luis Sampedro hablaba sobre nuestra situación, la de la humnidad, y su futuro.

Es la misma historia. Construye un producto que iremos a él como corderitos y eso José Mourinho lo sabe muy bien. Da igual que Sampedro diserte sobre lo que sea, él no es un producto es un humanista y los humanistas para el común de los mortales son muy aburridos.

Hace años Manuel Elkin Patarroyo me contó una historia que no difiere mucho de lo ocurrido en el blog.

Llegaba a Tenerife en uno de sus múltiples viajes y al acercarse con el taxi al hotel se encontró con decenas de personas que esperaban a la puerta con lápiz y papel en mano.

Por un segundo pensó: la sociedad está cambiando y aquí la gente conoce a los hombres de ciencia. No era así, por supuesto, mientras caminaba hacia donde estaba la gente tan solo una niña le miró, le reconoció y le pidió un autógrafo. Él le preguntó por qué estaban todos allí pero la respuesta llegó antes que ella pronunciara una sola palabra: la guagua del Barça hacía su parada en el Mencey y todos corrieron como locos a recibirlos.

Nos quejamos permanentemente del mundo en el que vivimos y seguimos repitiendo patrones y comportamientos que no sirven para mejorarlo. Mourinho no es más que otro producto hecho a medida de esa sociedad que tanto le insulta y critica.

La hiperexistencia de José Mourinho

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada y hoy, por fin, he decidido hacerla. Sí, es sobre José Mourinho, ese hombre con el que nos desayunamos, merendamos, cenamos… en una hiperexistencia que supera todos los límites imaginables.

Vaya por delante que el señor me cae genial y que no pienso criticarle ni una de sus actitudes ni una de sus palabras porque realmente creo que hay dos José Mourinho: el nuestro y el suyo propio.

El suyo no lo conozco pero al nuestro sí y es un producto de marketing perfecto. Los periodistas caen una y otra en sus trampas esté en el equipo que esté, y lo consigue él solito sin que ninguno se haya planteado que todo está perfectamente estudiado, analizado y calculado,o sí pero prefieren ignorarlo.

Que Mourinho dice A, se publica; que Mourinho se tira al monte, se publica; que Mourinho tose, se publica. Se publica y se debate, se habla una y otra vez y así se llenan páginas y minutos a tutiplén.

Nada más entrar en Google su nombre aparece en más de ocho millones de resultados en 0,09 segundos sólo en español. Con ello ha conseguido lo que quería, y nosotros los periodistas y los aficionados al fútbol seguimos su juego como conejillos detrás de una zanahoria. Su estrategia es viejísima pero caemos en ella una y otra vez como novatos.

¿Chulo? No lo creo. Su comportamiento parece estar siempre en lo políticamente incorrecto pero los resultados son evidentes: no se habla de la plantilla.

Que hay un posible conflicto en el vestuario, pues saco una lista; que se habla demasiado del eterno rival, pues suelto una barbaridad y así hasta el infinito.

Sé que despierta odios y pasiones, y en mí ha despertado la pasión del análisis de por qué cada uno de sus estudiados movimientos y, la verdad, me estoy divirtiendo mucho porque no hay ni un programa en el que no se hable de Mourinho.

Muchos opinan que es un impresentable pero yo no veo nada malo en que una persona muestre la seguridad que tiene en él mismo y utilice sus armas para preservar a sus jugadores. Reconozco que yo no sería capaz de actuar así pero cuando esa misma seguridad se muestra en otros ámbitos de la vida, se alaba. Por este motivo, tolero menos la falsa modestia en personas que luego muestran una actitud contraria a sus palabras.

Mientras escribo esta entrada enciendo la tele y están hablando de José Mourinho, una muestra más de su hiperexistencia y de que, una vez más, hemos caído en su trampa.

Si los suyos lo quieren, por algo será.