Sin saludos

Fue justo en ese momento cuando empezó todo. Salió a la calle y en el portal nadie le dio los buenos días. Entró en el mercado y absolutamente nadie la saludó, ni siquiera en lo puestos a los que se acercó a hacer sus compras. Llegó al trabajo y todo el mundo la ignoró. Llegó al vestuario de las instalaciones deportivas a las que iba todos los días y nadie contestó buenas tardes. Los que se iban tampoco decían adiós. Hoy, se dio cuenta de que la creciente antipatía que aquel día se había apoderado de todo el entorno tras meses de trabajo, uno a uno, había gestado algo peor, engendraba una actitud social en la que cualquier conflicto se resuelve mediante la prohibición en vez de mediante el diálogo.

Imagen del blog Mi castillo interior

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Interrogantes superpuestos

Braulio no podía parar de hacerse preguntas. Sabía que estaba durmiendo pero los interrogantes se superponían sin remedio y daban vueltas una y otra vez con, cada vez, menos sentido.

¿Y si abrimos nuestras mentes y nos volvemos cuerdos?

¿Y si contamos nuestras cosas y nos quedamos desnudos?

¿Y si corremos hacia la felicidad con los ojos vendados?

¿Y si hacemos todo esto a la vez?…

De repente, sintió que volaba, que sus dedos rozaban las respuestas de la cordura, la desnudez y la inquietud, y eso le dolía. Desistió de buscar una salida a ese laberinto y siguió dando vueltas en su mente o en su corazón. ¿Quién se iba a atrever a discutir dónde estaba dando vueltas? Añadiendo preguntas nuevas, nuevas interrogaciones.

Súbitamente, mientras seguía perdido en una ensoñación interna alguien puso la salida del laberinto ante él. Ya despierto miró a su izquierda. Había sido ella. Yacía a su lado mostrándole la desnudez de un cuerpo entre el que nunca pudo volver a ser cuerdo.

La plenitud

Se sentó con un desparpajo que no reconocía en ella y viajó. Viajó por cielos de jugosas nubes; flotó entre batallas, gritos, alegrías, tristezas y amor; y buceó entre falsedades, mundos paralelos, paisajes surrealistas y lugares inexplorados llenos de bondad.

De repente, cuando sus dedos comenzaron a tocar esa paz serena que siempre había anhelado, un estallido le devolvió a la realidad. El auditorio estaba en pie, los aplausos le ensordecían y dos incontroladas lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas mientras la gente gritaba emocionaba por lo que acababa de ver.

Entonces, comprendió que no lloraba por ese éxito tan perseguido y por fin conseguido sino porque sin proponérselo, sin que las personas que la vitoreaban se lo pudieran imaginar y sin que ese hubiera sido su objetivo acababa de alcanzar su plenitud.

Un Lovecraft muy especial

Un librería entre la calle Fuencarral y la calle Hortaleza. Libros de diseño, cómics, ilustraciones… Es el sitio ideal para encontrar algo para una personita muy especial de esas a las que hay que dar un empujón para que lean. Comienzo a bucear entre cuadernos, versiones en varios idiomas hasta que, de repente, cae en mis manos un ejemplar de uno de los cómics que más me ha gustado en los últimos años.

José Oliver y Bartolo Torres han dado vida a ‘El joven Lovecraft’, un adolescente muy especial que se mueve en su mundo expeditivo de fantasía. Obviamente, se han inspirado en Howard Phillips Lovecraft, escritor norteamericano que cambió el género de terror, pero eliminando elementos biográficos de éste y añadiendo un toque siniestro y muy muy divertido aprovechando que el personaje es un adolescente con sus inquietudes y desinquietudes y, como no, sus eternos desastres. Los dibujos: geniales, con una estética fascinante y perfectamente acoplados al guión. El texto: muy muy curioso, absolutamente divertido y guiado por una imaginación genial.

Muchos ya lo conocerán porque ‘El joven Lovecraft’ nació hace cinco años en htttp://dreamers.com/lovecraft y en el blog eljovenlovecraft.blogspot.com. También ha tenido el honor de aparecer en las revistas digitales Qliphoth y Sin Presupuesto, y en la revista de papel Cthulhu. Para mí ha sido uno de los mejores descubrimientos de este verano. Nunca es tarde.

Bienvenido y bien hallado. Aquí les dejo una muestra:

Tirana fantasía

Fasim

Lo había conseguido. Tenía todo lo que siempre había soñado: un bonito ático convertido en lúgubre con un casero buenazo que no sabía cómo quitárselo de encima, una existencia crápula, un trabajo sin importancia y poco exigente que le daba el dinero suficiente para sobrevivir en ese mundo aprendido de las novelas que absorbía. Todo.

Aquel día, satisfecho, salía de trabajar para una noche más sumirse en el submundo por el que tanto había luchado. Mujeres, alcohol, drogas… Todo estaba a su alcance, tenía lo único que quería día tras día durante dos años. Había salido de la opresión para encontrar la ciudad perfecta, para integrase en el mundo perfecto, en la libertad absoluta.

Atravesó la calle desierta de martes y se dirigió a ese local en el que seguramente estaría aquella chica que había dejado pendiente el día anterior, una más o una menos, según se mire, pensó. Hoy no se le escaparía. Entró, miró, la vio y actuó. Ya estaba todo hecho. Horas más tarde, justo en el momento en el que empezaba a poseerla, algo en su interior se rompió. Sintió la misma opresión de antaño en su ciudad de origen. Se sintió prisionero de su propia fantasía.

14 minutos

Tan sólo 14 minutos. Era el tiempo justo que necesitaba para llegar hasta el lugar soñado. Había pasado toda su vida preparándose para ello y sólo le faltaban 14 minutos, 840 segundos que pasaban acariciando su vida, lentos, eternos… Lo tenía todo planificado. Había pensado cómo entraría por la puerta, cuáles serían sus gestos, en que preciso momento se emocionaría… No había nada que pudiera estropearlo, nada. Se había aislado del mundo real. Abrió el bolso y lo comprobó una vez más: el móvil apagado, los pañuelos, el frasquito de perfume para ponerse la última gota… Todo en orden. Se pasó revista por encima. Todo en orden. Había llegado el momento.

Tres minutos, 180 segundos. Lo justo para entrar saludar, hacer una corta declaración a la prensa y ocupar ese ansiado lugar. Subió el primer escalón, el segundo, el tercero. Se acercó al ujier para desearle buenas tardes y, al ver su cara pensó que el mundo no se había aislado de ella y tembló.

“Señorita Álvarez. He intentado localizarla para comunicarle que el presidente de la Academia ha sufrido un infarto. Está bien, no hay peligro, pero el acto de hoy se ha suspendido. Ya le comunicaremos la nueva fecha”.

La llave y el baño

Corrió hasta su nuevo escondrijo como nunca lo había hecho. Allí tenía todo lo necesario para escapar de la realidad. No había encontrado nada mejor en mucho tiempo. Era justo lo que necesitaba en ese momento para escapar de las garras de su desánimo.

Durante un segundo se sintió atrapada pero siguió corriendo. Sabía que quedaban menos de 200 metros para llegar a su casa cuando, de repente, buscó en su bolsillo y se dio cuenta de que su oasis era incalcanzabe. Se había dejado la llave en el baño.