Profesionalidad y alta costura

Hace unas semanas leía en una entrevista en Cinco Días lo que llevo pensando durante mucho tiempo: el buen periodismo es un negocio, lo que habrá que cambiar es el modelo. El entrevistado, Juan Señor, hacía una símil que me pareció perfecto y no es otro que el papel se convertirá en un producto de alta costura y el digital, y esto lo añado yo, en algo así como el prêt à porter que toda marca ha de tener para el gran consumidor.

Profesionalidad, esa ha sido, es y será la clave para que el modelo actual se reoriente hacia menos periodicidad pero más profundidad en el papel, y hacia la noticia pura y dura en el digital. Vamos que hagan esa información más elaborada muchos de esos periodistas  referente que hoy están en la calle y que son, precisamente, los que suelen tener el bagaje suficiente para algo así.

El problema ahora es que alguien asuma que ese axioma es tan importante como que, de otra manera, los medios de comunicación están abocados a la desaparición. El problema: las señales que provienen del exterior no son muy halagüeñas. Lejos de análisis, vemos visiones a favor o en contra del poder establecido según toque. En vez de noticias, escuchamos opiniones flojamente documentadas que, habitualmente, derivan en el insulto personal. Y ante esta situación,  ¿quién forma a los nuevos redactores?

Imagen del blog En el Camino.

Imagen del blog En el Camino.

Los empresarios que decidieron un día dedicarse a la comunicación tienen que hacer una reflexión profundísima pero nosotros los profesionales de esto también, porque no podemos seguir vendiendo sucedáneo cuando la gente nos pide un verdadero caviar, porque una gran culpa de lo que está ocurriendo la tenemos nosotros mismos.

La profesionalidad es primoridal en los medios y fuera de ellos, como en las direcciones de comunicación, y el día que un periodista pierde la perspectiva, se define sin tapujos, sin ambajes y aboga por una postura u otra sin una argumentación sólida, ha dejado de ser útil para el derecho que se comprometió a ejercer.

Con esto no quiero decir que yo sea invencible. A mí también me han engañado y yo también he tomado partido. Solo espero seguir teniendo la lucidez suficiente y los compañeros necesarios para rectificar a tiempo en favor de un ejercicio que para mí es fundamental y por el que me dediqué a esto, el derecho a la información.

 

Sueños cumplidos (I)

Hoy abro desde aquí una nueva serie para contar historias, historias de ilusiones cumplidas, de luchas que terminan bien, de sueños que se hacen realidad y, lo mejor de todo, podemos hacerla entre todos nosotros. Se admiten historias.

Quiero empezar con una tontería importante para mí, con el concierto de Muse, uno de mis sueños cumplidos. Era el 20 de noviembre cuando pisaba el suelo del Palacio de los Deportes de Madrid después de muchos intentos siempre truncados.

El primer intento se remonta al año 2003 ó 2004, no lo recuerdo muy bien. Venían al Festimad y yo guardaba mi billete de avión como oro en paño pero el empeoramiento de mi padre, que estaba enfermito, hizo que mi viaje terminara en Toledo y no en Madrid. Afortunadamente, mi padre se recuperó y otras oportunidades se sucedieron.

Otra de las veces que más cerca lo tuve fue ahora hace un par de años. Tenía entrada, compañía…, todo, pero esta vez falló el billete de avión, demasiado tarde para sacarlo y, por lo tanto, demasiado caro para poder comprarlo. Allí, una de mis mejores amigas y, como no, mi hermano, con el que cada vez tengo más gustos en común hicieron la llamada de rigor en Knights of Cydonia.

Y llegó este año sin más oportunidades en medio y la cogí al vuelo. Por fin estuve allí y me quedo con todo.
Hacía tiempo que no veía un espectáculo tan redondo, un sonido tan fantástico y un manejo tan sutil de un público absolutamente entregado.

Emoción, felicidad, alegría, tristeza, angustia, rabia, energía, excitación… Estos son solo algunos de los sentimientos que Muse en ese concierto despertaron en mí. Sí disfruté, canté como una loca bajo un sonido excpecional de unos músicos excepcionales a los que un recinto así se les queda pequeño por su grandilocuencia.

Habrá quien opine lo contrario, habrá a quien ni siquiera les guste el grupo. Yo solo sé que cumplí un sueño que salté hasta la extenuación, que canté hasta la afonía y que me parecieron geniales, algo que así certifican la gran mayoría de las crónicas. Solo había que estar allí para sentirlo y yo lo sentí. A los expertos les dejo la descripción del concierto.

 

Todo gratis

Llevo días observando, escuchando, leyendo y analizando las reacciones a las palabras que Monserrat Domínguez pronunciara en las IX Jornadasde Blogs y Medios de Comunicación que se celebraron en Granada. En ellas, la nueva directora del ‘Huffington Post’ en España aseguraba que en ese medio digital no entienden los blogs como un trabajo, por lo que sus autores no cobrarán.

Obviamente, ha habido reacciones para todos los gustos pero yo, para empezar y llegar al colmo de la simplificación, solo quiero hacer una pregunta: ¿De quién es la responsabilidad de cualquiera de las afirmaciones publicadas en esos blogs? Es solo una reflexión porque para mí, las responsabilidades han de pagarse.

Es cierto que es mucho simplificar llevar lo afirmado hacia ese terreno porque creo que el fondo de la cuestión es mucho más complejo. A mi juicio volvemos a errar a la hora de establecer la perspectiva fundamental y que no es otra que tener clara cuál es la función de los medios de comunicación. Si tenemos en cuenta que esta no es otra que facilitar el ejercicio del derecho a la información, creo que partimos de un error de base a la hora de redefinir el modelo tras la aparición de todos los nuevos componentes y canales de comunicación que nos ha traído la red.

Si aceptamos esta premisa, la afirmación de Domínguez es una barbaridad. Si no aceptamos esta premisa porque internet ha cambiado la forma de acceso a la información, habrá que analizar mucho para realizar esa redifinición del modelo y, por tanto, comprobar que con ese nuevo esquema el ejercicio de un derecho recogido en la Constitución está garantizado.

Entre todas las reacciones me ha llamado poderosamente la atención un post en el que se asegura que publicar un blog gratis es lo mismo que darle de comer a Twitter o Facebook con nuestras actualizaciones de estado. Yo creo que hay una importante diferencia entre poner lo que a ti te da la gana, te apetece o te gusta en estas cuentas y ejercer un oficio con rigor. Creo que es una importante diferencia.

Sea como fuere, el sector está tan tocado que bordea el hundimiento y lejos de unirnos más, la situación nos sigue enfrentando a los unos con los otros hasta el punto de que los que tienen trabajo miran con recelo a los que no y viceversa.

Llevo tiempo pensando que somos nosotros mismos, los periodistas, y no los empresarios los que deberíamos coger las riendas de este cambio, realizar el análisis pertinente y luchar por nuestra profesión. Lo que no veo aún es ese punto de inflexión necesario para salir del fondo.

Para Ruth. Edición especial Música de toda una vida

Este fin de semana es un fin de semana muy especial para Ruth, una de las mejores personas que he conocido en mi vida, una de esas personas que, por muchos años que pasen, siempre estará en mí. Con17 años desembarcamos en Navarra y nos conocimos cuatro inseparables AMIGAS. Nuestra vida en común está plagada de momentos, buenos y malos, duros y blandos, largos y cortos, y este fin de semana tendremos uno más para contar.

Desde aquí quiero decirle que la quiero mucho, que todos y cada uno de los minutos que pasamos juntas son inolvidables, todos sin excepción, y que gran parte de las cosas buenas que tengo hoy como persona se las debo a ella (y a las demás pero hoy ella es la protagonista).

Probablemente ella no lo sepa pero ella me enseñó infinidad de cosas. Gracias a ella aprendí a ser más femenina, más comprensiva, más paciente… A tener más tesón, a luchar por lo que quiero, a reírme con las pequeñas cosas, a ser fuerte y a no dejarme amedrentar… Aprendí tanto que ponerlo todo aquí sería imposible.

Ruth introdujo parte de la felicidad que existe en mi vida y lo mismo hará con las personas que ahora le rodean. Te repito que te quiero mucho y espero que tengas siempre todo lo que te mereces, que es muy bueno porque una persona como tú solo se merece lo mejor.

No desaparezcas nunca aunque yo sea un desastre y me olvide hasta de llamarte para decirte que vamos dos a la boda. Mi regalo musical para ti.

Aerosmith siempre me ha recordado a ti, y este video más aún.

No podía faltar Willy Deville.

La estrella de nuestros bailes de billar en el ‘Terminal’.

Y la copla. La que más cantabas,  por la más grande.

Y una más. Un regalo de mí y de Joaquín Sabina.

Te veo el sábado más guapa que nunca, si eso es posible.

¿Periodistas o aguafiestas?

  • ¿A quién satisface más una declaración del campeón tras un partido, al periodista (o jefe del medio) o al oyente?
  • ¿Qué aficionado presta atención a una declaración recién acabado el partido si su equipo acaba de ascender de categoría?
  • ¿Qué no aficionado presta atención a esas declaraciones?
  • ¿Qué diferencia hay entre el “yo he hecho” de un político y “yo he conseguido” de un periodista (o jefe del medio)?
  • ¿Qué diferencia hay entre el acoso a un famoso en una aeropuerto y el acoso a un deportista en medio de una chancha, vestuario, campo…?

Sé que muchos compañeros criticarán esta entrada y yo aceptaré que no estén de acuerdo conmigo pero mi opinión es que hemos llegado al absurdo. Yo me he hecho estas preguntas y me he dado cuenta de que yo también he caído en su trampa.

El domingo fui a ver el partido del Canarias, un partido que suponía su ascenso a la Liga Endesa y salí estupefacta porque los periodistas hurtaron a la afición la celebración con el equipo. Así de simple. Robaron a esas personas que siguen semana tras semana a su equipo la posibilidad de compartir su alegría con los jugadores.

En el duelo de titanes absurdo de yo soy el primero, los periodistas de radios y televisiones saltaron a la pista, supongo que muchos de ellos o quizás todos obligados por sus jefes, a entrevistar a todos y cada uno de los jugadores que intentaban reunirse en el centro del campo para celebrar primero ellos y luego dedicárselo a la afición. No fue posible y todo para nada porque, realmente, a mí como oyende me da exactamente lo mismo escuchar esas declaraciones y, lo que es peor, tener que soportar durante una semana el autobombo de la emisora o televisión que las ha conseguido.

No contentos con eso, los jugadores entraron al vestuario y cuando volvieron a salir para celebrar con su afición, ahí volvían a estar los onmipresentes micrófonos. A todas éstas, la mitad del pabellón se había ido con un sabor agridulce por lo frío de la celebración. Fue tan absorbente la actitud de los periodistas que hasta los agentes de la UIP de la Policía Nacional fueron más permisivos con los jugadores que se acercaron hasta la grada unos veinte minutos después de terminado el partido para abrazar a los aficionados y familiares, y celebrarlo con ellos.

Llevo años repitiendo que esta profesión es otra cosa diferente a esa perversión. Que no hay diferencia entre ese tipo de periodismo y el rosa que persigue a los famosos. Creo que hemos perdido el norte y, sobre todo, ojalá me equivoque, pero estas actitudes solo demuestran que los que tienen en sus manos esta profesión (muchas veces más los que mandan que lo que ejercen) no tienen ni pajorera idea de lo que significa el derecho a la información.

El domingo, como aficionada al baloncesto, me enfadé. Me sentí, sin ser una forofa del Canarias (lo reconozco soy del Estudiantes), estafada y ultrajada por mis compañeros o por quienes mandaban en ese momento a mis compañeros.

Música de toda una vida VIII

Martes y 13, semana de transición, así que va una de música. Hoy tocan esos artistas con los que he coincidido de marcha por h o por b.

Albert Pla, una de las noches más surrealistas de mi vida.

 

El Drogas colaboraba en Onda Cero Pamplona y en alguna cena, coincidimos.

 

El Drogas, a veces, quedaba con Rosendo.

 

Esto sí que fue una absoluta casualidad.

 

Y esto locuras de adolescente.

 

Habrá segunda entrega.

¿Pluralidad?

Escribo este post en los miniratos que me deja el trabajo -que afortunadamente tengo- y desde las tripas. Lo escribo así porque acabo de ver la noticia del cierre del diario Público y mi cerebro vuelve a temblar porque con este cierre perdemos todos, no solo los trabajadores -que indudablemente son los más perjudicados- y los periodistas, pierde una población que ve cómo la información que le llega cada vez es menos plurar. Y digo plurar en un sentido, en el de ofrecer las visiones de todas las ideologías existentes, porque la que a mí me gustaría, la pluralidad periodística, hace mucho tiempo que agoniza en manos de los compañeros que intentan resucitarla.

Las empresas de comunicación dependen desde hace demasiado tiempo de subvenciones, vaivenes publicitarios y, por qué no decirlo, gobiernos de turno y eso es lo que, repito, se está cargando esta preciosa profesión. Siempre he insistido en que la comunicación no es un negocio, es un derecho, pese a que una sociedad fuertemente economizada haya convertido a los empresarios de la comunicación en meros captadores de beneficios. Comprendo que una empresa para sobrevivir necesita ingresos pero de ahí a pervertirlo todo por el dinero va un trecho.

Hace poco leí un post magnífico sobre los problemas de Público. Su autor señalaba como causa resumen el no haber conectado con las espectativas de sus potenciales seguidores y en eso no podría estar más de acuerdo. Solo un matiz, esa desconexión con el ciudadano se está produciendo en todos y cada uno de los medios de este país.

Que me expliquen si no, por qué todos los medios y algunos periodistas tienen que convertirse en voceros de algunos núcleos de poder -en el más amplio sentido de la palabra- de uno o de otro lado, porque esa no es su función . Para colmo, si ya estamos divididos por envidias, filias y fobias, competiciones absurdas y necesidad de reconocimiento social, ¿por qué dividirnos más por ideologías que manejan otros?

Es cierto que Público cierra a medias, cierra en papel y se mantiene en la edicición digital, y pese a que esa semiclausura encierra algo de esperanza para algunos, a mí, de entrada, no me gusta porque otro de los males de los empresarios de la comunicación de este país es que no ven en el mundo online como una oportunidad para seguir, para ofrecer un producto de calidad sino una forma de acortar plantillas, abaratarlas y que una persona haga tres cosas a la vez porque “eso de internet es una tontería, es muy fácil”.

Sé que para un viernes este no es un post muy agradable pero es que la situación de los profesionales de la comunicación es tan dura que asusta. Por eso, mucho ánimo a todos aquellos que ejercen su profesión con dignidad y conciencia, con oficio y ganas porque no es fácil moverse en un mundo plagado de intereses. Y mucho ánimo para los compañeros de Público.