Sin saludos

Fue justo en ese momento cuando empezó todo. Salió a la calle y en el portal nadie le dio los buenos días. Entró en el mercado y absolutamente nadie la saludó, ni siquiera en lo puestos a los que se acercó a hacer sus compras. Llegó al trabajo y todo el mundo la ignoró. Llegó al vestuario de las instalaciones deportivas a las que iba todos los días y nadie contestó buenas tardes. Los que se iban tampoco decían adiós. Hoy, se dio cuenta de que la creciente antipatía que aquel día se había apoderado de todo el entorno tras meses de trabajo, uno a uno, había gestado algo peor, engendraba una actitud social en la que cualquier conflicto se resuelve mediante la prohibición en vez de mediante el diálogo.

Imagen del blog Mi castillo interior

Triste Garbajosa

En pleno revuelo por la Ley Sinde yo estoy indignada, por la ley sí pero también por otro maltrato más en el mundo deportivo, y como de la Ley Sinde hay gente escribiendo sobre ella que sabe muchísimo más que yo, voy a dedicarle esta entrada a la segunda opción, más sentimental que legal.

Sí, indignación. Esa es la sensación que tuve al leer ayer que el Real Madrid de baloncesto le había comunicado a Jorge Garbajosa que no contaba con él, que le quitaba la ficha en medio de la temporada porque iba a ocuparla un nuevo jugador más joven y más alto. Así, sin anestesia, sin sentimientos, sin delicadeza, sin nada.

Nunca he tolerado estas actitudes que todos los equipos de fútbol o baloncesto han tenido alguna vez. Es más raro verlas en otros deportes aunque desgraciadamente no es raro verlas en la vida real, en la que se une el agravante de que la cuantía que se cobra no llega ni a una décima parte de la de los deportistas de élite en ambos deportes.

Como no soy del Real Madrid, debería estar contenta y esperanzada por ver si el pívot termina jugando en mi equipo del alma, el Estudiantes, pero es que no puedo con la falta de agradecimiento.

Creí que Ettore Messina era un buen entrenador pero cada paso que da me confirma que es un dictador. Sí, Garbajosa no está en su mejor momento y es cierto que su carrera llega a su fin pero hace equipo y, sobre todo, las cosas no se hacen así, hay que hacerlas con un cierto respeto y elegancia.

En un equipo, y lo demostró Robinson con su informe sobre la selección de fútbol, también hace falta gente como Garbajosa, como Reina, sacrificados jugadores que están si se les necesita tanto en el vestuario como en la cancha.

Messina venía a hacer equipo, decían, y lo único que ha hecho ha sido romperlo, quebrarlo, dejarlo sin pilares… Creo que el que debería plantearse que sobra es él. Lo hizo con Raúl López para traer a un Prigioni nefasto (a mí no me gusta), lo hizo con Bullock, lo hizo con Hervelle, jugadores quizás menos ‘estrella’ pero más equipo, y ahora lo hace con Garbajosa. ¡Qué pase el siguiente!

Reconozco mi debilidad por Garbajosa aunque lo critiqué en el pasado Mundial como la que más. Es un buen tío y no se merece que lo traten así. “Adiós, quedas libre. Si quieres búscate equipo y si no, vete para tu casa”.

Creo que una vez más voy a tener que darle la razón a mi querido hermano. Messina es un pufo, un tipo que ha roto un equipo, un señor al que le han dado todos los medios y es incapaz de conseguir frutos con ellos. Basta como ejemplo que le haya sido imposible en sus temporadas al frente del Real Madrid plantarle cara a un superequipo como es el actual Barcelona, cohesionado, compacto, alegre y divertido.

Me gusta el baloncesto, me gusta ver partidos de baloncesto, me divierte y, de momento, poco me he divertido con el Real Madrid de Messina, y lo digo yo que soy obligada sufridora por seguir al equipo que sigo.