Piratería o venganza muy pobre

Leo en El País un artículo en el que se afirma que la película de Álex de la Iglesia Balada triste de trompeta ha sido pirateada desde dentro de la Academia. El artículo especula con la posibilidad de que sea una especie de venganza por el cambio de postura del director con respecto a la Ley Sinde. Álex de la Iglesia, por su parte, obvia la polémica y sigue trabajando (lo mejor que puede hacer, a mi juicio).

Cartel de la película de Álex de la Iglesia

Si realmente el caso de Balada triste de trompeta es una venganza, me parece una triste venganza o, como las llama mi padre, una venganza pobre, una vengancita de esas que no llevan a ninguna parte y que ni siquiera afectan al objetivo sobre el que se quiere ejercer.

La cuestión no es a quién se piratea sino, como dijo el propio Álex de la Iglesia, la cuestión es si el modelo actual es el adecuado o si existen otros nuevos aprovechables y en los que puede estar el futuro de la industria cinematográfica.

Muchos somos los colectivos afectados por un nuevo orden introducido por internet y si seguimos perdiendo el tiempo  con venganzas pobres contra los herejes lo único que habremos conseguido es perder un tren que puede darnos las mismas satisfacciones que quebraderos de cabeza nos está ocasionando ahora.

Lástima que alguien pueda estar tan ciego que la única conclusión que extraiga de un cambio de postura reflexionado y meditado por parte de una persona sea: pues le pirateo y que se chinche, como en el colegio.

Aún así, insisto, los archivos de la Academia corren como la pólvora en las páginas P2P una vez son distribuidos entre las personas elegidas. ¿Por qué y quién? Es un motivo para la reflexión y espero que no sean los mismos que se quejan de las consecuencias de la piratería los que intenten reventar ciertas películas en taquilla subiendo a la red sus copias de privilegiados.

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Posturas y cambios

Llevamos mucho tiempo oyendo hablar de la Ley Sinde, leyendo análisis, revisando pros y contras, analizando posturas, viendo iniciativas a favor y en contra… Mucho tiempo. Pues bien, después de todo este tiempo resulta que tan sólo una persona pública, porque en privado me imagino y espero que haya más, ha sido capaz de escuchar en vez de oir , de dialogar, de analizar de forma pausada y, lo que es más importante, reconocer la equivocación de su postura inicial y cambiar de opinión, Álex de la Iglesia.

Estamos en una sociedad en la que, como hablábamos el otro día una compañera y yo, coherencia es una de las palabras más denostadas y mal utilizadas por todos aquellos que quieren buscar un asa a sus pensamientos y actitudes aunque sean incongruentes. Una sociedad que a los cambios de postura les llama vaivenes, falta de personalidad…, y que ha alcanzado un cierto, por no decir un alto, grado de fundamentalismo en la defensa de unas superfluas ideas estén o no equivocadas.

Álex de la Iglesia acaba de dar una lección. Su carta y la coherencia demostrada en su actitud es contundente, clara y hace mucho daño a los inmovilistas porque dinamita la línea de flotación de todos aquéllos que son incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos por miedo a perder privilegios, notoriedad social y, sobre todo, dinero.

Ojalá cunda el ejemplo aunque habrá otra persona más dócil dispuesta a sustituirle sin preguntarse nada más allá, solícita a refrendar a los que le han puesto, estén equivocados o no.

No hace nada me decía una persona a la que yo tengo en muy alta estima que prefería tener con él trabajando a un crítico que a siete pelotas porque de esa única persona aprendía, de los otros sólo podía esperar que le sacaran del mundo y le situaran en ese lugar en el que los humanos perdemos el sentido de la realidad para empezar a pensar que somos prácticamente dioses en lo que hacemos.

Estoy con él y con Álex de la Iglesia.