De lo que llegamos a fiarnos

El otro día una compañera me comentaba que los personajes de ‘El ala Oeste de la Casa Blanca’ interactúan en Twitter durante los debates de los candidatos estadounidenses (a punto de celebrarse el segundo) como si se tratara de creadores de opinión reales. He intentado averiguar si forma parte de una estrategia electoral, si explican claramente que son integrantes de una ficción o si, por el contrario, representan a personajes realesl No he podido saberlo, lo único que he podido averiguar es que hace menos de un mes se reunieron en un spot en apoyo de la hermana de Mary McCormack, candidata a la Corte Suprema de Michigan.

Sí, personajes inventados apoyando realidades que determinan el futuro, incluso, de la humanidad. Hasta eso hemos llegado. Ya las marcas, partidos políticos y demás no solo se sirven de personajes con cierto prestigio social para crear opinón afín, algo tan viejo como la publicidad y estudiado en las técnicas más habituales de persuasión, ahora son personajes de ficción los que nos dicen lo que tenemos que pensar y, lo peor de todo, terminamos pensándolo.

Y así nos va. Tener una opinión propia es cada vez más difícil y la masa se mueve entre campañas de marketing e irrealidades, y la verdad es que esa es la única explicación que encuentro para ciertos compartamientos masivos tanto de inmovilidad como de opinión positiva hacia ciertas cuestiones.

Todo es común. La ropa es común, la lectura es común, las películas son comunes y los pensamientos, por lo tanto, también son comunes y eso es lo que explica muchos de los comportamientos no entendibles ante ciertas situaciones.

Vivimos en un mundo en el que los personajes de una serie tienen la capacidad y el lugar para decirnos si lo que pensamos está bien o está mal. Mucho tenemos que pensar sobre a quién estamos dando crecibildiad y por qué.

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