Llegó la ciberguerra

No he parado de leer con atención estos días cómo se ha gestado la revuelta tunecina y, por ende, su extensión a otros países del Magreb. Todos sabíamos que Wikileaks iba a cambiar muchas cosas, desde la forma de informar hasta la forma de reaccionar y parece que ésto, unido a su situación en sus propios países, es lo que ha desatado la ciberguerra en el Magreb.

De Anonymous no se ha librado ni la SGAE. No hay país alguno que no encuentre entre sus ciudadanos al menos un integrante de Anonymous, incluido España, por supuesto. Todo ha sido posible a través de Internet y a un gran grupo de personas anónimas, sobre todo jóvenes, sin líderes reconocidos que se han lanzado al ataque bajo el lema “somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos”.

Su ideario es tan simple que son capaces de aglutinar a un gran número de personas diferentes atraídas, entre otras cuestiones, porque no hay líderes ni cabezas visibles y porque su principal objetivo es “acabar con la corrupción que nos ha llevado a la situación actual”.

Estaba claro que la crisis mundial, las filtraciones de Wikileaks y la situación de muchos jóvenes con gran preparación pero sin ningún futuro tenía que estallar por algún lado y así lo ha hecho. Simplificando mucho, por supuesto.

Los interrogantes surgen ahora porque una cosa es el embrión y otra el recién nacido. Túnez mira con escepticismo hacía dónde caminará su futuro si hacia un nuevo orden democrático o hacia una nueva dictadura. De momento, los medios de comunicación han comenzado a trabajar para organizarse de forma libre, y eso es un paso fundamental.

Muchos somos los que sentimos que el mundo está en medio de movimiento que puede marcar todo nuestro futuro, el de todos. No niego que esta afirmación puede estar llevada por la proliferación de informaciones sobre este asunto en los últimos días, aunque yo creo que hay que tomar bastante en serio el movimiento en general. El tiempo dirá si estas sensaciones son exageradas.

La cuestión es que los jóvenes se están moviendo, la ciudadanía se está moviendo, de otra forma sí, pero con resultados, o al menos eso parece de momento.

Ellos los tienen muy claro. Los que hablan en los medios, siempre en nombre de todo el grupo, lo tienen muy claro. La organización está perfectamente creada y, a raíz de lo ocurrido, podemos concluir que saben cómo pasar a la acción de forma coordinada.

Ante esto, bajo mi punto de vista, se plantean muchas cosas: el orden político, económico y social y, por la parte que me toca como profesional de la comunicación, el futuro de los medios tal y como están concebidos en la actualidad.

La semilla está puesta, ahora hay que verla germinar y ver cómo los dirigentes mundiales, tanto económicos como políticos, reaccionan ante esta nueva situación. Por ahora, ya han escrito más de una página de la historia contemporánea.

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Suu Kyi y la causa saharaui

Mientras Suu Kyi salía a la calle después de quince años detenida y los siete últimos de arresto en su domicilio, Marruecos continúa maltratando a los saharauis que decidieron luchar por sus derechos en el campamento de ‘La Diginidad’ emulando las peores prácticas de gobiernos totalitarios como el birmano.

Hoy Suu Kyi cumplía su arresto domiciliario y, por fin, la Premio Nobel birmana ha podido saludar a sus seguidores en la puerta de su casa.

Miles de voces clamaron por ella y miles de voces deben clamar por el pueblo saharaui porque la única manera de que este pueblo no perezca es que su causa, sus necesidades, sus reivindicaciones y su sufrimiento sean conocid0s por el mundo.

Contra un país que sólo mantiene a algunos corresponsales franceses que han ocultado, confundido y manipulado lo ocurrido en los últimos días, el único arma es la del conocimiento público y, para ello, el compromiso periodístico mostrado en estos días por los medios y profesionales españoles es fundamental.

Ya sabemos que la comunidad internacional no está por la labor de mediar, sabemos que España se lava las manos, así que la única ayuda que les queda a los saharauis es precisamente esa, la presión mediática, la propagación de la causa por los reconocidos activistas mundiales y la lucha de la población en general.

Suu Kyi contó con ese apoyo y los saharauis lo necesitan hoy que ella continúa con su lucha, esta vez en la calle.

¿Dónde está la selección?

Vaya por delante que de baloncesto sé lo justo. Sé lo que me han dado algunos años de práctica aunque ya hace algunos cuantos que lo abandoné. Sé lo que he visto en cientos de partidos y sé lo que he hablado, sobre todo, con mi hermano, que sabe bastante más que yo. Vaya por delante, también, que nunca pensé que escribiría una entrada similar, con lo que espero disculpen todas mis incongruencias.

Llevaba meses esperando con muchas ganas el Mundial de Baloncesto, esperando divertirme, ver buenos partidos y disfrutar con nuestros excelentes jugadores (ganen o no) y, mira por donde, sólo he sentido sufrimiento, frustración y mucho cabreo.

La selección de baloncesto ha dejado de ser un equipo y su entrenador, bajo mi punto de vista, no sabe ni dónde está ni qué personas tiene en su plantilla. Los espectáculos de los últimos días han sido esperpénticos con momentos en los que los jugadores parecían que estaban jugando como pollos sin cabeza, con los ojos vendados y luchando contra un enemigo inexistente. Nada es entendible y lo que me temo es que la participación española va a llegar a su fin muy pronto. (Mientras escribo esto sigue la esperanza del equívoco, de la resurrección de lo que era ese equipo).

El cambio ha de ser radical, la solidaridad tiene que primar sobre el individualismo y, sobre todo, el compromiso y la lucha ha de aparecer si quieren arreglar algo, aunque creo que hay poco que arreglar.

Lo que más me duele es que si esta selección fracasa, el baloncesto volverá a sufrir un retroceso y más ahora que la selección de fútbol sí ha sabido hacer ese equipo.

No voy a hablar técnicamente porque haría el ridículo, pero lo que sí sé es que la unión no es la que era, el espíritu no es el que era y algunos parecen estar jugando más una pachanga en su barrio que un verdadero mundial. En fin, que desgraciadamente creo que tendré que buscarme otro equipo hasta el final del campeonato porque dudo mucho que la selección española llegue a ese momento. Nunca he tenido más  ganas de equivocarme. Bueno sí, cuando auguré que la marcha de Pepu Hernández iba a derivar en un desgaste progresivo del espíritu equipo.

Los 100 millones de Eduardo García Serrano

Eduardo García Serrano ha vuelto a hacer gala de su mala educación, su intransigencia, su actitud irrespetuosa, en definitiva, de su fundamentalismo insoportable.

No voy a entrar en la legitimidad o no legitimidad de la huelga en el metro de Madrid porque, realmente, desconozco sus pormenores pero, sea como fuere, nada le da excusa a este personaje para hacer mezclas imposibles con el único afán de discriminar, maltratar verbalmente y humillar a colectivos y personas que no siguen sus cánones de comportamiento o no coinciden con sus ideas.

Esta vez les ha tocado a los homosexuales y transexuales. Hay muchas maneras de criticar y utilizar el lenguaje para mostrar unas ideas y este hombrecillo escoge siempre la peor de todas.

Esta semana arremetía contra los gays, lesbianas y transexuales, a los que aglutinaba bajo una palabra caduca que no les define en absoluto, sodomitas, porque los trabajadores del metro de Madrid han parado su huelga para la celebración del Día del Orgullo Gay.

Miles de motivos hay para justificar este alto en los paros: seguridad, economía, caos… Sin embargo, este señor prefiere usar la peor demagogia sólo porque no son como él. ¿Si se hubiera suspendido la huelga por la celebración del día de la familia qué hubiera dicho?

Como este personajillo metido a opinador no entiende las palabras igualdad, derechos humanos y respeto al prójimo, le voy a hablar en un lenguaje que seguro que sí entiende: 100 millones de euros se calcula que han dejado sólo en tiendas, hoteles, restaurantes y demás empresas de ocio todos los asistentes a la celebración.