De lo que llegamos a fiarnos

El otro día una compañera me comentaba que los personajes de ‘El ala Oeste de la Casa Blanca’ interactúan en Twitter durante los debates de los candidatos estadounidenses (a punto de celebrarse el segundo) como si se tratara de creadores de opinión reales. He intentado averiguar si forma parte de una estrategia electoral, si explican claramente que son integrantes de una ficción o si, por el contrario, representan a personajes realesl No he podido saberlo, lo único que he podido averiguar es que hace menos de un mes se reunieron en un spot en apoyo de la hermana de Mary McCormack, candidata a la Corte Suprema de Michigan.

Sí, personajes inventados apoyando realidades que determinan el futuro, incluso, de la humanidad. Hasta eso hemos llegado. Ya las marcas, partidos políticos y demás no solo se sirven de personajes con cierto prestigio social para crear opinón afín, algo tan viejo como la publicidad y estudiado en las técnicas más habituales de persuasión, ahora son personajes de ficción los que nos dicen lo que tenemos que pensar y, lo peor de todo, terminamos pensándolo.

Y así nos va. Tener una opinión propia es cada vez más difícil y la masa se mueve entre campañas de marketing e irrealidades, y la verdad es que esa es la única explicación que encuentro para ciertos compartamientos masivos tanto de inmovilidad como de opinión positiva hacia ciertas cuestiones.

Todo es común. La ropa es común, la lectura es común, las películas son comunes y los pensamientos, por lo tanto, también son comunes y eso es lo que explica muchos de los comportamientos no entendibles ante ciertas situaciones.

Vivimos en un mundo en el que los personajes de una serie tienen la capacidad y el lugar para decirnos si lo que pensamos está bien o está mal. Mucho tenemos que pensar sobre a quién estamos dando crecibildiad y por qué.

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Donaciones, pena de muerte y torturas

Tengo la sensación estos últimos meses de no entender nada. Tengo la sensación de que todo va demasiado deprisa y de que los sinsentidos se multiplican a mi alrededor. Hoy, sin ir más lejos leo que UGT Canarias estudia hacer un ¡ERE!. Las catástrofes se suceden y el canibalismo hacia el prójimo se multiplica. Sí, es verdad que crisis significa cambio pero lo que me temo es que muy pocos están dispuestos a asumir ese cambio o, lo que es peor, lo están haciendo a su manera y para salir ellos beneficiados.

Y digo esto porque la pasada semana leí una noticia que me hizo pensar que mucho pueden cambiar las macrocircunstancias que no servirá de nada si en las microcircunstancias seguimos igual o peor.

Resulta que en Estados Unidos, ese país que tiene un presidente distinguido con el Premio Nobel de la Paz por no hacer la paz, ha negado a un preso condenado a muerte, que ya tiene bemoles que en pleno siglo XXI mantengan esta pena, la posibilidad de donar sus órganos.

Las razones que le dan para no permitirle hacerlo son de lo más peregrinas aunque la peor de todas es que sus órganos quedarán dañados debido a la sustancia que usarán para matarle, un sedante para animales. ¿No decían los defensores de la pena de muerte que los ejecutados no sufren porque se utilizan los métodos más adecuados e inocuos (curioso el empleo de esta palabra para un asesinato)?

Es vergonzoso que un país que día sí y día también se convierte en árbitro del mundo siga vulnerando los derechos humanos como si nada manteniendo la pena de muerte y, como no, las torturas.

¿Son tan ignorantes que piensan que la condición de ser un delincuente reside en los órganos de una persona y se transfiere con la víscera? Si fuera así, ¿por qué en vez de matar a personas no les cambian sus órganos y les dan una segunda oportunidad? Inconcebible. Es mejor dejar morir a dos personas -el posible donante y el posible receptor- que salvar, al menos, a una.

Inexplicable como inexplicables son las torturas a las que está siendo sometido el soldado que supuestamente filtró toda la información a Wikileaks y que vive en una minúscula celda infrahumana. Desnudo, con escasas horas de sueño y sometido a un tratamiento similar al utilizado en  muchos conflictos bélicos, incluido el holocausto, pasa sus días recluído antes de ser declarado culpable en el país más civilizado del mundo.

Sí, esas son las cosas que siguen igual. La eterna doble vara de medir mientras las desigualdades aumentan y aumentan se mire donde se mire.