Tan solo Ruiz Ruiz

Hoy voy a aprovechar este blog para contar una historia. Aprovecho que el viernes inaugura ‘Ruiz Ruiz’ en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife para contar la historia de un cuadro que se ha convertido en el hilo conductor de dos vidas.

En 2004, cuando mi vida transcurría entre trabajo y fiestas, fui con una amiga a una de esas celebraciones de cumpleaños multitudinarias en las que tan solo eres amiga de la pareja de uno de los que cumple. Una finca recóndita en Guamasa apenas albergaba a menos de la mitad de los que habían acudido a esa celebración que había comenzado en el almuerzo. Nuestro horario laboral, horario de periódico, solo nos permitió llegar pasadas las diez de la noche pero aún así estuvimos allí hasta bien entrada la madrugada.

El anfitrión y codueño de la finca resultó ser un pintor y, entre presentaciones, mi amiga me dijo: “Mira esos cuadros son de él que es el que nos ha dejado la casa”. Aluciné. No sé prácticamente nada de arte más allá de lo que me dicta el sentido común y el gusto, pero aluciné. Me pareció uno de los mejores pintores desconocidos que había visto y con dos copas de más no pude menos que acercarme a él y decirle que tenía a una amiga que gestionaba una sala y que le iba a hablar de él porque creía que se lo merecía.

Mi amiga, la de la fiesta, muy seria me dijo: “Él pasa de minucias. Ha expuesto en el extranjero…”. Y ahí quedó la cosa aunque llamé a mi amiga la de la sala para contarle lo espectacular que había visto. Ella sí sabe de arte y no entendió mucho una llamada así a esas horas de la madrugada.

Pasado el tiempo, mi amiga la de la sala y yo nos volvimos a encontrar con el pintor (Ruiz Ruiz) y ahí empezaron a caminar juntas nuestras vidas porque, entre otras cosas, gracias a él y a mi amiga-hermana conocí a mi compañero actual, esa persona que me aguanta todas mis impertinencias, y tengo a Batman, mi perro, lo mejor de 2011.

Hace tan solo un mes volví al a finca y vi el cuadro (la foto no es muy buena), ese que me alucinó y lo compré. Así, sin más, lo compré porque habían pasado casi ocho años y no lo había vendido, porque sabía que mi reencuentro con esa obra era por algo. Hoy luce en mi casa. Bueno, ahora no porque está en la exposición, pero seguirá en mi vida como ha estado durante todos estos años.

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