Posturas y cambios

Llevamos mucho tiempo oyendo hablar de la Ley Sinde, leyendo análisis, revisando pros y contras, analizando posturas, viendo iniciativas a favor y en contra… Mucho tiempo. Pues bien, después de todo este tiempo resulta que tan sólo una persona pública, porque en privado me imagino y espero que haya más, ha sido capaz de escuchar en vez de oir , de dialogar, de analizar de forma pausada y, lo que es más importante, reconocer la equivocación de su postura inicial y cambiar de opinión, Álex de la Iglesia.

Estamos en una sociedad en la que, como hablábamos el otro día una compañera y yo, coherencia es una de las palabras más denostadas y mal utilizadas por todos aquellos que quieren buscar un asa a sus pensamientos y actitudes aunque sean incongruentes. Una sociedad que a los cambios de postura les llama vaivenes, falta de personalidad…, y que ha alcanzado un cierto, por no decir un alto, grado de fundamentalismo en la defensa de unas superfluas ideas estén o no equivocadas.

Álex de la Iglesia acaba de dar una lección. Su carta y la coherencia demostrada en su actitud es contundente, clara y hace mucho daño a los inmovilistas porque dinamita la línea de flotación de todos aquéllos que son incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos por miedo a perder privilegios, notoriedad social y, sobre todo, dinero.

Ojalá cunda el ejemplo aunque habrá otra persona más dócil dispuesta a sustituirle sin preguntarse nada más allá, solícita a refrendar a los que le han puesto, estén equivocados o no.

No hace nada me decía una persona a la que yo tengo en muy alta estima que prefería tener con él trabajando a un crítico que a siete pelotas porque de esa única persona aprendía, de los otros sólo podía esperar que le sacaran del mundo y le situaran en ese lugar en el que los humanos perdemos el sentido de la realidad para empezar a pensar que somos prácticamente dioses en lo que hacemos.

Estoy con él y con Álex de la Iglesia.

Triste Garbajosa

En pleno revuelo por la Ley Sinde yo estoy indignada, por la ley sí pero también por otro maltrato más en el mundo deportivo, y como de la Ley Sinde hay gente escribiendo sobre ella que sabe muchísimo más que yo, voy a dedicarle esta entrada a la segunda opción, más sentimental que legal.

Sí, indignación. Esa es la sensación que tuve al leer ayer que el Real Madrid de baloncesto le había comunicado a Jorge Garbajosa que no contaba con él, que le quitaba la ficha en medio de la temporada porque iba a ocuparla un nuevo jugador más joven y más alto. Así, sin anestesia, sin sentimientos, sin delicadeza, sin nada.

Nunca he tolerado estas actitudes que todos los equipos de fútbol o baloncesto han tenido alguna vez. Es más raro verlas en otros deportes aunque desgraciadamente no es raro verlas en la vida real, en la que se une el agravante de que la cuantía que se cobra no llega ni a una décima parte de la de los deportistas de élite en ambos deportes.

Como no soy del Real Madrid, debería estar contenta y esperanzada por ver si el pívot termina jugando en mi equipo del alma, el Estudiantes, pero es que no puedo con la falta de agradecimiento.

Creí que Ettore Messina era un buen entrenador pero cada paso que da me confirma que es un dictador. Sí, Garbajosa no está en su mejor momento y es cierto que su carrera llega a su fin pero hace equipo y, sobre todo, las cosas no se hacen así, hay que hacerlas con un cierto respeto y elegancia.

En un equipo, y lo demostró Robinson con su informe sobre la selección de fútbol, también hace falta gente como Garbajosa, como Reina, sacrificados jugadores que están si se les necesita tanto en el vestuario como en la cancha.

Messina venía a hacer equipo, decían, y lo único que ha hecho ha sido romperlo, quebrarlo, dejarlo sin pilares… Creo que el que debería plantearse que sobra es él. Lo hizo con Raúl López para traer a un Prigioni nefasto (a mí no me gusta), lo hizo con Bullock, lo hizo con Hervelle, jugadores quizás menos ‘estrella’ pero más equipo, y ahora lo hace con Garbajosa. ¡Qué pase el siguiente!

Reconozco mi debilidad por Garbajosa aunque lo critiqué en el pasado Mundial como la que más. Es un buen tío y no se merece que lo traten así. “Adiós, quedas libre. Si quieres búscate equipo y si no, vete para tu casa”.

Creo que una vez más voy a tener que darle la razón a mi querido hermano. Messina es un pufo, un tipo que ha roto un equipo, un señor al que le han dado todos los medios y es incapaz de conseguir frutos con ellos. Basta como ejemplo que le haya sido imposible en sus temporadas al frente del Real Madrid plantarle cara a un superequipo como es el actual Barcelona, cohesionado, compacto, alegre y divertido.

Me gusta el baloncesto, me gusta ver partidos de baloncesto, me divierte y, de momento, poco me he divertido con el Real Madrid de Messina, y lo digo yo que soy obligada sufridora por seguir al equipo que sigo.

Discusiones improductivas

Llevo días oyendo discutir a la gente sobre modelos, leyes, creación… La verdad, creo que el análisis es bueno y las opiniones enfrentadas producen soluciones pero ya está bien de que todos queramos preservar la parcelita que tenemos olvidándonos del bien común.

No voy a entrar a discutir si esto  o lo otro es bueno o es malo, mejor o peor, si hay que proteger o no, tengo mi opinión y me la reservo para otros ámbitos, pero sí voy a apuntar una serie de cuestiones que creo que son básicas y sobre las que deberíamos estar trabajando todos juntos en vez de machacarnos unos a otros sin encontrar el punto de inflexión.

1.- Hay que cambiar el modelo productivo de esta país en cualquier ámbito económico.

2.- Deberíamos despegarnos de una vez de las subvenciones que pervierten la verdadera calidad y competitividad.

3.- Podíamos aparcar la hipocresía y parar de evadir impuestos siempre que podemos.

4.- Dejar de quejarnos de lo que tienen los demás y no tenemos nosotros, en definitiva, trabajar todos juntos por todos.

5.- Aparcar actitudes egoístas y darnos cuenta de que unos se enriquecen a costa de la pobreza de otros.

6.- Pensar en que ser es mejor que aparentar.

7.- Basar nuestro sistema educativo en el premio al esfuerzo.

8.- Dejar de buscar atajos para tener más y más y más.

En definitiva, desterrar de una vez por todas la imagen reflejada en el Lazarillo de Tormes y ponernos a arrimar el hombro que los privilegios de unos pocos (en todos los ámbitos, parcelas y oficios de la sociedad) no pueden ser la ruina de todos.