¿Dónde está la selección?

Vaya por delante que de baloncesto sé lo justo. Sé lo que me han dado algunos años de práctica aunque ya hace algunos cuantos que lo abandoné. Sé lo que he visto en cientos de partidos y sé lo que he hablado, sobre todo, con mi hermano, que sabe bastante más que yo. Vaya por delante, también, que nunca pensé que escribiría una entrada similar, con lo que espero disculpen todas mis incongruencias.

Llevaba meses esperando con muchas ganas el Mundial de Baloncesto, esperando divertirme, ver buenos partidos y disfrutar con nuestros excelentes jugadores (ganen o no) y, mira por donde, sólo he sentido sufrimiento, frustración y mucho cabreo.

La selección de baloncesto ha dejado de ser un equipo y su entrenador, bajo mi punto de vista, no sabe ni dónde está ni qué personas tiene en su plantilla. Los espectáculos de los últimos días han sido esperpénticos con momentos en los que los jugadores parecían que estaban jugando como pollos sin cabeza, con los ojos vendados y luchando contra un enemigo inexistente. Nada es entendible y lo que me temo es que la participación española va a llegar a su fin muy pronto. (Mientras escribo esto sigue la esperanza del equívoco, de la resurrección de lo que era ese equipo).

El cambio ha de ser radical, la solidaridad tiene que primar sobre el individualismo y, sobre todo, el compromiso y la lucha ha de aparecer si quieren arreglar algo, aunque creo que hay poco que arreglar.

Lo que más me duele es que si esta selección fracasa, el baloncesto volverá a sufrir un retroceso y más ahora que la selección de fútbol sí ha sabido hacer ese equipo.

No voy a hablar técnicamente porque haría el ridículo, pero lo que sí sé es que la unión no es la que era, el espíritu no es el que era y algunos parecen estar jugando más una pachanga en su barrio que un verdadero mundial. En fin, que desgraciadamente creo que tendré que buscarme otro equipo hasta el final del campeonato porque dudo mucho que la selección española llegue a ese momento. Nunca he tenido más  ganas de equivocarme. Bueno sí, cuando auguré que la marcha de Pepu Hernández iba a derivar en un desgaste progresivo del espíritu equipo.

Cocina sin más II

Hoy compartiremos en este rincón caótico un plato griego acompañado de uno de los poemas de Kostas E. Tsirópulos, una gran persona que tuve el regalo de conocer hace ahora unos cuantos años.

B

¿Y si no vivo?

Si soy una mancha vislumbrante / mancha negra /al mundo azul ultramarino / al mundo-mar / alucinación carnal / encarnada en palabras / encarnación de soledad / espasmo punto final / hundimiento en la Noche /murmullo de sentidos / ceguera de labios / alas inmóviles de los dedos / en el palpar de la Noche

¿Y si no vivo?

Todo lo que existe / lo veo en el mar al mediodía / todo lo que no existe / lo siento por la noche / tocando los nombres de las estrellas / ciudades barcos hombres / vivir una embriaguez / memoria envenenada / me envenena / envuelto en el no existir / sábanas mojadas / la Noche entera brilla silenciosa / en el silencio de mis entrañas / fósil de mi sueño / espera su rocío / para abrirte en la primera palabra / ilusión adormecedora / encarnación sin existencia / ensombrecerme en mi sombra / todo fue memoria / todo viendo santo / comunión de silencio

¿Y si vivo / y no puedo pronunciar / palabra?

(De Anochecer la Noche Anoche)

Receta: Ni mousaka ni cordero, sardinas

Ingredientes, como suele ser habitual, para cuatro personas.

Medio kilo de sardinas, 100 gramos de higos secos, media copa de vino tinto, una rama de canela, cinco granos de especias variadas, cinco dientes de ajo, media taza de aceite de oliva, tres cucharadas de vinagre balsámico, el zumo de dos limones, sal gruesa, pimienta y eneldo.

Lo primero es, un día antes, preparar las sardinas. La limpiamos, quitamos las espinas y guardamos los filetes que lavamos con abundante agua y los colocamos en un recipiente.  Espolvoreamos los filetes de sardina con sal gruesa y la metemos en el frigorífico durante unas 12 horas. Pasadas las 12 horas las lavamos bien para quitar el exceso de sal y las regamos con el aceite y el zumo de limón.

A continuación, cogemos los higos y los cortamos en finas láminas. A continuación, se escaldan en un cazo con el fino tinto, la canela, las especias y los ajos durante unos 30 minutos.

Una vez fríos, los batimos con aceite de oliva, el vinagre balsámico, sal y pimienta hasta que se haga una especie de puré.

Una vez hecho el puré, preparamos unos rollitos con los filetes de sardina rellenos con el puré de higos. Una vez terminado, se espolvorea todo con eneldo.

Un Lovecraft muy especial

Un librería entre la calle Fuencarral y la calle Hortaleza. Libros de diseño, cómics, ilustraciones… Es el sitio ideal para encontrar algo para una personita muy especial de esas a las que hay que dar un empujón para que lean. Comienzo a bucear entre cuadernos, versiones en varios idiomas hasta que, de repente, cae en mis manos un ejemplar de uno de los cómics que más me ha gustado en los últimos años.

José Oliver y Bartolo Torres han dado vida a ‘El joven Lovecraft’, un adolescente muy especial que se mueve en su mundo expeditivo de fantasía. Obviamente, se han inspirado en Howard Phillips Lovecraft, escritor norteamericano que cambió el género de terror, pero eliminando elementos biográficos de éste y añadiendo un toque siniestro y muy muy divertido aprovechando que el personaje es un adolescente con sus inquietudes y desinquietudes y, como no, sus eternos desastres. Los dibujos: geniales, con una estética fascinante y perfectamente acoplados al guión. El texto: muy muy curioso, absolutamente divertido y guiado por una imaginación genial.

Muchos ya lo conocerán porque ‘El joven Lovecraft’ nació hace cinco años en htttp://dreamers.com/lovecraft y en el blog eljovenlovecraft.blogspot.com. También ha tenido el honor de aparecer en las revistas digitales Qliphoth y Sin Presupuesto, y en la revista de papel Cthulhu. Para mí ha sido uno de los mejores descubrimientos de este verano. Nunca es tarde.

Bienvenido y bien hallado. Aquí les dejo una muestra:

Telecinco: medio de sufrimiento

La empatía se define como la capacidad de ponerte en el lugar del otro y hacer tuyos, entender y amparar sus sentimientos y emociones. Los expertos hablan de que es, quizás, uno de los elementos más importantes de la comunicación y, sin embargo, hoy hay millones de ejemplos de que ésta no sólo no se tiene en cuenta sino que se destruye por el vil metal.

Digo esto porque estoy alucinada con los límites que está llegando a sobrepasar la que para mí es la peor televisión de la historia española: Telecinco. Soez, insensible, explotadora del dolor quiere llegar al culmen de su ineptitud comunicativa estrenando una miniserie sobre el trágico accidente de Spanair. Cómo se nota que los directivos, creativos y demás responsables de esta serie, en particular, y de la cadena, en general, no perdieron a ningún familiar o allegado en tan magna tragedia.

No sólo carecen de la más mínima empatía hacia esas personas sino lo que es peor, fundamentan sus acciones en la vulgaridad más extrema: el dinero por el dinero, no importa el precio moral que haya que pagar por ello.

Sin escrúpulos van a sumar el dolor de cientos de familias y amigos a todo ese dolor que ya se ha paseado por la pantalla de una cadena que ha destruido cualquier código ético en cada uno de sus programas, en cada uno de sus segundos de emisión. Han explotado la violencia doméstica, las tragedias cotidianas, los sufrimientos familiares; han lanzado opiniones infundadas que han destruido a personas… Eso no era suficiente.

Lo que yo me pregunto es si ya estamos en este punto, ¿qué será lo próximo? No me lo quiero ni imaginar.

Ha surgido una iniciativa en Facebook para boicotear a la citada ‘cadena de sufrimiento’ el día del estreno de la miniserie. Yo iría más allá. Pediría una rebelión social permanente, un desprecio absoluto de población y anunciantes por una forma de hacer las cosas que da mucha pena. Supongo que eso es imposible y que ese ‘medio de sufrimiento’, porque no es digno de llevar el nombre de medio de comunicación, no desaparecerá de nuestras vidas tal y como está concebido de una vez por todas aunque yo todavía albergue alguna esperanza.