¿Pluralidad?

Escribo este post en los miniratos que me deja el trabajo -que afortunadamente tengo- y desde las tripas. Lo escribo así porque acabo de ver la noticia del cierre del diario Público y mi cerebro vuelve a temblar porque con este cierre perdemos todos, no solo los trabajadores -que indudablemente son los más perjudicados- y los periodistas, pierde una población que ve cómo la información que le llega cada vez es menos plurar. Y digo plurar en un sentido, en el de ofrecer las visiones de todas las ideologías existentes, porque la que a mí me gustaría, la pluralidad periodística, hace mucho tiempo que agoniza en manos de los compañeros que intentan resucitarla.

Las empresas de comunicación dependen desde hace demasiado tiempo de subvenciones, vaivenes publicitarios y, por qué no decirlo, gobiernos de turno y eso es lo que, repito, se está cargando esta preciosa profesión. Siempre he insistido en que la comunicación no es un negocio, es un derecho, pese a que una sociedad fuertemente economizada haya convertido a los empresarios de la comunicación en meros captadores de beneficios. Comprendo que una empresa para sobrevivir necesita ingresos pero de ahí a pervertirlo todo por el dinero va un trecho.

Hace poco leí un post magnífico sobre los problemas de Público. Su autor señalaba como causa resumen el no haber conectado con las espectativas de sus potenciales seguidores y en eso no podría estar más de acuerdo. Solo un matiz, esa desconexión con el ciudadano se está produciendo en todos y cada uno de los medios de este país.

Que me expliquen si no, por qué todos los medios y algunos periodistas tienen que convertirse en voceros de algunos núcleos de poder -en el más amplio sentido de la palabra- de uno o de otro lado, porque esa no es su función . Para colmo, si ya estamos divididos por envidias, filias y fobias, competiciones absurdas y necesidad de reconocimiento social, ¿por qué dividirnos más por ideologías que manejan otros?

Es cierto que Público cierra a medias, cierra en papel y se mantiene en la edicición digital, y pese a que esa semiclausura encierra algo de esperanza para algunos, a mí, de entrada, no me gusta porque otro de los males de los empresarios de la comunicación de este país es que no ven en el mundo online como una oportunidad para seguir, para ofrecer un producto de calidad sino una forma de acortar plantillas, abaratarlas y que una persona haga tres cosas a la vez porque “eso de internet es una tontería, es muy fácil”.

Sé que para un viernes este no es un post muy agradable pero es que la situación de los profesionales de la comunicación es tan dura que asusta. Por eso, mucho ánimo a todos aquellos que ejercen su profesión con dignidad y conciencia, con oficio y ganas porque no es fácil moverse en un mundo plagado de intereses. Y mucho ánimo para los compañeros de Público.

Los grises de vivir del cuento

Escribo este post con todo el cabreo que da la impotencia y la indignación. Hace tiempo escribía una entrada titulada Los grises del profesorado, pues bien, hoy quiero matizarla: lo lamentable que son los grises de vivir del cuento.

En aquella entrada comentaba el problema de un niño al que le habían diagnosticado un TDAH y el poco compromiso del centro al que asistía y de todo el profesorado, salvo de una profesora que fue la única en más de diez años que se preocupó por él. Ese centro era el Colegio Echeyde I, concertado, un centro que ha actuado con manifiesta negligencia durante todo el proceso educativo del menor.

A todo esto se une algo peor, tras su marcha a otro centro, un centro público cuyos profesores, en menos de un mes, se han comprometido con el adolescente más que lo que se comprometieron sus compañeros del Echeyde en trece años, han decidido estigmatizar al niño, así de contundente.

Ese colegio, que no es muy exacto en su página web con respecto a lo que ofrece a sus alumnos, ha hecho algo que no lo haría yo ni con mi peor enemigo. Junto al expediente de traslado de obligado cumplimiento han adjuntado una carta al nuevo centro del alumno para decirle que es un niño gamberro, payasete, insufrible y con problemas de comportamiento. Eso sí, parece que en el citado escrito han obviado el análisis médico que lleva desde hace años para buscar la causa de su comportamiento, su padre está averiguando si ha sido así…

Es cierto que han sido demasiados años siendo condescendientes con el centro, dándoles otra oportunidad, advirtiéndoles de que el pequeño podría tener problemas pero siempre quedaba la esperanza de que vieran la situación y adquirieran el compromiso que solo adquirió una de las tutoras, sobre todo cuando los psicólogos dicen que un cambio de centro podría ser peor para él.

Aún así, aún con la insistencia, ellos decidieron que es mucho más fácil mirar a otro lado, dejar que fracase y evitar la molestia que supone darle un trato diferenciado, atender la diversidad, algo a lo que obliga la LOE, algo que está desarrollado en varias órdenes y decretos del Gobierno de Canarias.

Y llegados a este punto si fue su decisión, la de la psicóloga del centro -que ignoró los informes externos- y la de los responsables últimos del centro, pues su decisión fue y las responsabilidades legales se las pedirán otros pero una vez que los padres intentan solucionar el problema y trasladar al niño a otro centro, por favor, solo se les pide que le dejen empezar de nuevo, que le permitan esa segunda oportunidad que nos merecemos todos, que no le estigmaticen, que cuenten toda la verdad y que le dejen seguir con su vida porque lo contrario no es de muy buena gente.

Afortunadamente, los profesores del nuevo centro público lo han acogido, han hablado con él y han intentado normalizar su integración con los nuevos compañeros. Esperemos que esa horrible carta que nunca debió salir del Echeyde no condicione su futuro como persona.