… y todo sigue igual

Quería hacer un último post del año y, como no, sobre mi tema preferido: la comunicación y sus medios. Hoy es un día triste y no hay más que mirar las portadas de los periódicos o escuchar un informativo. Seguimos cometiendo los mismos errores, no hemos aprendido nada

Los medios no están para servir al poder ni para tener un doble rasero sino para informar al ciudadano y mientras critiquemos hoy una cosa porque lo hace un gobierno y justifiquemos la misma cuando lo hace otro, mal vamos.

Eso es lo que ha pasado hoy y es de vergüenza y hasta que no luchemos por cambiarlo la credibilidad de los medios seguirá cayendo en picado. Un deseo más para el próximo año: volvamos a hacer nuestra función, nuestro trabajo, dignifiquemos nuestro oficio lejos de imposiciones empresariales y editoriales.

Anuncios

¡Qué ‘nesecidad’!

Sí, qué nesecidad, como dicen en mi pueblo, con s y c, no con c y s. No me he equivocado. Ahora sabrán por qué.

Esta mañana, por causas que no vienen al caso, tuve que coger un taxi. Eran las 8:40 de la mañana, y nada más subir y decir la dirección al taxista oigo una voz bastante sensual procedente del aparato de radio que decía:

Ella: “Entonces, te lo harías con las cuatro, te advierto que somos muy, muy calientes”.

A continuación, una voz de hombre con evidentes signos de estar recién levantado contestaba que sí.

Al principio me asusté. No sabía si me había metido en un taxi o en un sexshop, a lo que hay que añadir la incomodidad de pensar que el taxista podría estar más contento de lo normal debido a las afirmaciones que esa sensual voz seguía haciendo y lo violento que es estar oyendo ese material con alguien a quien no conoces de nada.

Ella: “Tenemos una 110 de sujetador. Somos dos pelirrojas, una rubia y una morena, ¿quieres empezar conmigo?….”

Y otras frases más o menos hot, que diría un gran amigo, y en las que no hay por qué redundar.

Pues bien, pasado el susto de los primeros minutos, caí en la cuenta de que se trataba de uno de esos programas de radio en los que se gastan bromas bastante pesadas a hombre y mujeres, y el final no difería mucho de todos los finales para esas bromas: la novia que había decidido mofarse de su futuro esposo termina soltando insultos e improperios sobre el hombre al que ama y con el que espera compartir toda su vida, y por supuesto, diciendo que suspende la boda del próximo sábado. Y digo yo: ¡Qué nesecidad!, como dicen las señoras de mi pueblo.

1.- Si te vas a casar con alguien y no sabes quién es, tienes un problema.

2.- Si necesitas llamar a la radio para a través de una broma saber si tu pareja es fiable o no, tienes un problema.

3.- Si no has pensado antes en las consecuencias que puede tener tu broma, tienes un problema.

4.- Si el tipo es un embustero que lleva una doble vida, tienes un problema.

5.- Si suspendes la boda, tienes más que un problema. Las deudas y el escarnio público.

Lo mires por donde lo mires tienes un problema con dos soluciones:

1.- O eres más lista y conoces mejor a la persona con la que te vas a casar y no necesitas de bromitas absurdas para afianzar tu relación;

2.- O, lo que suele ser lo habitual, ojos que no ven corazón que no siente.

Por eso, ¡qué nesecidad! Como dicen en mi pueblo en estas ocasiones. Algún día daré mi opinión sobre el matrimonio y la confianza.

Familiaridad y compadreo

Reiteradamente veo en programas de televisión, sobre todo, pero también escucho en la radio como los periodistas llaman a personajes públicos por su nombre de pila, como si todos supiéramos a quien se refieren cuando hablan de Alfredo, Pepe o Mariano. Quizás sea yo la equivocada pero aparte de dar muy mala imagen, me parece una descortesía hacia la audiencia que no tiene por qué saber de quién están hablando.

Es cierto que el contexto da pistas pero lo lógico sería referirse a ellos con nombres y apellidos, para aquellos que acaban de llegar o para los que no están familiarizados con el tema sobre el que están hablando.

Luego está lo de la imagen, que para mí, se resiente bastante cuando se habla de esa forma, fundamentalmente, por el concepto de familiaridad y compadreo que se transmite, lo que resta credibilidad e independencia.

Es cierto que cada vez los medios de comunicación están más definidos políticamente. Es el periodismo de camiseta, que dice un compañero. Ese periodismo que no tiene reparos en vestir el equipaje de un equipo y lo dice sin tapujos. ¿Pero qué pretendemos con esa familiaridad? Mariano es Mariano Rajoy o Rajoy, Alfredo es Alfredo Pérez Rubalcaba o Rubalcaba, Pepe es José Blanco o Blanco, por eso de ajustarse al tiempo o al espacio, y no hay por qué llamarlos como si estuviéramos hablando de un cercano conocido aunque el medio en el que se trabaja tenga una u otra línea editorial.