Mourinho contra Sampedro

He tardado varios días en hacer la segunda entrega de Mourinho porque quería hacer un experimento del que todos conocemos el resultado. Nada más colgar la entrada de Mourinho, el blog empezó a recibir visitas y más visitas hasta el punto de que dobló el número de personas que vieron el post en el que José Luis Sampedro hablaba sobre nuestra situación, la de la humnidad, y su futuro.

Es la misma historia. Construye un producto que iremos a él como corderitos y eso José Mourinho lo sabe muy bien. Da igual que Sampedro diserte sobre lo que sea, él no es un producto es un humanista y los humanistas para el común de los mortales son muy aburridos.

Hace años Manuel Elkin Patarroyo me contó una historia que no difiere mucho de lo ocurrido en el blog.

Llegaba a Tenerife en uno de sus múltiples viajes y al acercarse con el taxi al hotel se encontró con decenas de personas que esperaban a la puerta con lápiz y papel en mano.

Por un segundo pensó: la sociedad está cambiando y aquí la gente conoce a los hombres de ciencia. No era así, por supuesto, mientras caminaba hacia donde estaba la gente tan solo una niña le miró, le reconoció y le pidió un autógrafo. Él le preguntó por qué estaban todos allí pero la respuesta llegó antes que ella pronunciara una sola palabra: la guagua del Barça hacía su parada en el Mencey y todos corrieron como locos a recibirlos.

Nos quejamos permanentemente del mundo en el que vivimos y seguimos repitiendo patrones y comportamientos que no sirven para mejorarlo. Mourinho no es más que otro producto hecho a medida de esa sociedad que tanto le insulta y critica.

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Discusiones improductivas

Llevo días oyendo discutir a la gente sobre modelos, leyes, creación… La verdad, creo que el análisis es bueno y las opiniones enfrentadas producen soluciones pero ya está bien de que todos queramos preservar la parcelita que tenemos olvidándonos del bien común.

No voy a entrar a discutir si esto  o lo otro es bueno o es malo, mejor o peor, si hay que proteger o no, tengo mi opinión y me la reservo para otros ámbitos, pero sí voy a apuntar una serie de cuestiones que creo que son básicas y sobre las que deberíamos estar trabajando todos juntos en vez de machacarnos unos a otros sin encontrar el punto de inflexión.

1.- Hay que cambiar el modelo productivo de esta país en cualquier ámbito económico.

2.- Deberíamos despegarnos de una vez de las subvenciones que pervierten la verdadera calidad y competitividad.

3.- Podíamos aparcar la hipocresía y parar de evadir impuestos siempre que podemos.

4.- Dejar de quejarnos de lo que tienen los demás y no tenemos nosotros, en definitiva, trabajar todos juntos por todos.

5.- Aparcar actitudes egoístas y darnos cuenta de que unos se enriquecen a costa de la pobreza de otros.

6.- Pensar en que ser es mejor que aparentar.

7.- Basar nuestro sistema educativo en el premio al esfuerzo.

8.- Dejar de buscar atajos para tener más y más y más.

En definitiva, desterrar de una vez por todas la imagen reflejada en el Lazarillo de Tormes y ponernos a arrimar el hombro que los privilegios de unos pocos (en todos los ámbitos, parcelas y oficios de la sociedad) no pueden ser la ruina de todos.

Bautizos civiles

Recuerdo que cuando era adolescente en mi pueblo era muy conocida una anécdota. Tras la disminución de los matrimonios eclesiásticos y el aumento de las ceremonias sólo civiles un señor fue al Ayuntamiento para preguntarle al alcalde si su hijo podía hacer la comunión por el juzgado.

Pues bien, hoy me doy cuenta de que ese señor fue un visionario. Sabadell ha aprobado los bautizos civiles y cada vez son más los municipios que se suman a una moda profundamente incongruente, bajo mi punto de vista. Lo dicho, un visionario.

Nunca he entendido que se critique algo que luego se imita ‘con matices’, claro, unos matices que a mí, particularmente, no me convencen. Hay miles de formas de que tu niño ‘entre en sociedad’, como dicen sus defensores, y todas ellas sin necesidad de copiar las prácticas más consumistas y malinterpretadas de la Iglesia.

Al fin y al cabo es mostrar postín, gastar dinero y obtener regalos, poco más. Es una ceremonia para los padres no para los niños y desde ese punto de vista no lo entiendo, sinceramente. Es una parte más de este consumismo feroz que da a la apariencia mayor importancia que a cualquier otra cualidad.

No estoy de acuerdo con los bautizos civiles como tampoco estoy de acuerdo con el derroche de las bodas, por la iglesia o civiles, o con el dispendio de las comuniones, como diría el señor de mi pueblo por el juzgado o no. Es más, el bautizo civil, en paralelismo al matrimonio, sería la inscripción del niño en el registro.

Respeto que cada uno haga lo que quiera pero, por favor, dejémonos ya de postines, de apariencias y de una sociedad banal y estéril. Siempre lo digo y hoy lo repito. ¿Es que esta crisis no nos ha enseñado nada?

Termino con otra anécdota de mi pueblo. Le dice una vecina a mi madre: Voy a la tienda de la calle Orgaz que está la lista de bautizo del niño de…