Familiaridad y compadreo

Reiteradamente veo en programas de televisión, sobre todo, pero también escucho en la radio como los periodistas llaman a personajes públicos por su nombre de pila, como si todos supiéramos a quien se refieren cuando hablan de Alfredo, Pepe o Mariano. Quizás sea yo la equivocada pero aparte de dar muy mala imagen, me parece una descortesía hacia la audiencia que no tiene por qué saber de quién están hablando.

Es cierto que el contexto da pistas pero lo lógico sería referirse a ellos con nombres y apellidos, para aquellos que acaban de llegar o para los que no están familiarizados con el tema sobre el que están hablando.

Luego está lo de la imagen, que para mí, se resiente bastante cuando se habla de esa forma, fundamentalmente, por el concepto de familiaridad y compadreo que se transmite, lo que resta credibilidad e independencia.

Es cierto que cada vez los medios de comunicación están más definidos políticamente. Es el periodismo de camiseta, que dice un compañero. Ese periodismo que no tiene reparos en vestir el equipaje de un equipo y lo dice sin tapujos. ¿Pero qué pretendemos con esa familiaridad? Mariano es Mariano Rajoy o Rajoy, Alfredo es Alfredo Pérez Rubalcaba o Rubalcaba, Pepe es José Blanco o Blanco, por eso de ajustarse al tiempo o al espacio, y no hay por qué llamarlos como si estuviéramos hablando de un cercano conocido aunque el medio en el que se trabaja tenga una u otra línea editorial.

Pérdida de tiempo

Después de tanto tiempo sin poder pasarme por aquí había pensado hablar del Balón de Oro, entre otras cosas porque seguro que suben las visitas pero, pensando tranquilamente esta mañana, con el artículo publicado ayer en El País queda todo tan claro que no merece la pena añadir nada más.

Así que voy a hablar de la pérdida de tiempo, como no, delante de la televisión. El otro día me planteaba el tiempo que la gente pierde delante de gritos, insultos, programas insulsos que no aportan nada a la existencia en contra del tiempo que pasan hablando con la familia, cultivando amistades, leyendo, aprendiendo, haciendo deporte…

Las consecuencias epidemiológicas del aparato son peores que las de algunas drogas. Tras horas delante de la tele sube el colesterol, los kilos, la tensión (según el programa que se vea) y el aburrimiento,  lo que lleva a comer o a fumar, en el peor de los casos, con lo que alimentamos ese círculo vicioso contra la salud.

A eso se suma, la ansiedad que genera la falta de relación con los demás, el que no ten dejen escuchar la frase más importante, etc., etc.

Por contra, si utilizáramos todo ese tiempo en hacer cosas útiles para nosotros y para los demás, nuestra salud, humor, cabeza…, en definitiva, la mayor parte de nuestro cuerpo y de nuestra mente mejorarían. Eso sí, hacer cosas útiles en ese tiempo no significa trabajar, que muchos piensan que o se ve la tele o se trabaja.

Ya que está de moda el tema a costa de los fumadores podrían hacer un estudio sobre los costes sanitarios de la tele o los beneficios, si ves a Torreiglesias.

Hagan el cálculo, sumen el tiempo que pasan viendo la tele y piensen en todas las veces que se quejan por falta de tiempo… Ya me contarán las conclusiones.