Donaciones, pena de muerte y torturas

Tengo la sensación estos últimos meses de no entender nada. Tengo la sensación de que todo va demasiado deprisa y de que los sinsentidos se multiplican a mi alrededor. Hoy, sin ir más lejos leo que UGT Canarias estudia hacer un ¡ERE!. Las catástrofes se suceden y el canibalismo hacia el prójimo se multiplica. Sí, es verdad que crisis significa cambio pero lo que me temo es que muy pocos están dispuestos a asumir ese cambio o, lo que es peor, lo están haciendo a su manera y para salir ellos beneficiados.

Y digo esto porque la pasada semana leí una noticia que me hizo pensar que mucho pueden cambiar las macrocircunstancias que no servirá de nada si en las microcircunstancias seguimos igual o peor.

Resulta que en Estados Unidos, ese país que tiene un presidente distinguido con el Premio Nobel de la Paz por no hacer la paz, ha negado a un preso condenado a muerte, que ya tiene bemoles que en pleno siglo XXI mantengan esta pena, la posibilidad de donar sus órganos.

Las razones que le dan para no permitirle hacerlo son de lo más peregrinas aunque la peor de todas es que sus órganos quedarán dañados debido a la sustancia que usarán para matarle, un sedante para animales. ¿No decían los defensores de la pena de muerte que los ejecutados no sufren porque se utilizan los métodos más adecuados e inocuos (curioso el empleo de esta palabra para un asesinato)?

Es vergonzoso que un país que día sí y día también se convierte en árbitro del mundo siga vulnerando los derechos humanos como si nada manteniendo la pena de muerte y, como no, las torturas.

¿Son tan ignorantes que piensan que la condición de ser un delincuente reside en los órganos de una persona y se transfiere con la víscera? Si fuera así, ¿por qué en vez de matar a personas no les cambian sus órganos y les dan una segunda oportunidad? Inconcebible. Es mejor dejar morir a dos personas -el posible donante y el posible receptor- que salvar, al menos, a una.

Inexplicable como inexplicables son las torturas a las que está siendo sometido el soldado que supuestamente filtró toda la información a Wikileaks y que vive en una minúscula celda infrahumana. Desnudo, con escasas horas de sueño y sometido a un tratamiento similar al utilizado en  muchos conflictos bélicos, incluido el holocausto, pasa sus días recluído antes de ser declarado culpable en el país más civilizado del mundo.

Sí, esas son las cosas que siguen igual. La eterna doble vara de medir mientras las desigualdades aumentan y aumentan se mire donde se mire.

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Llegó la ciberguerra

No he parado de leer con atención estos días cómo se ha gestado la revuelta tunecina y, por ende, su extensión a otros países del Magreb. Todos sabíamos que Wikileaks iba a cambiar muchas cosas, desde la forma de informar hasta la forma de reaccionar y parece que ésto, unido a su situación en sus propios países, es lo que ha desatado la ciberguerra en el Magreb.

De Anonymous no se ha librado ni la SGAE. No hay país alguno que no encuentre entre sus ciudadanos al menos un integrante de Anonymous, incluido España, por supuesto. Todo ha sido posible a través de Internet y a un gran grupo de personas anónimas, sobre todo jóvenes, sin líderes reconocidos que se han lanzado al ataque bajo el lema “somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos”.

Su ideario es tan simple que son capaces de aglutinar a un gran número de personas diferentes atraídas, entre otras cuestiones, porque no hay líderes ni cabezas visibles y porque su principal objetivo es “acabar con la corrupción que nos ha llevado a la situación actual”.

Estaba claro que la crisis mundial, las filtraciones de Wikileaks y la situación de muchos jóvenes con gran preparación pero sin ningún futuro tenía que estallar por algún lado y así lo ha hecho. Simplificando mucho, por supuesto.

Los interrogantes surgen ahora porque una cosa es el embrión y otra el recién nacido. Túnez mira con escepticismo hacía dónde caminará su futuro si hacia un nuevo orden democrático o hacia una nueva dictadura. De momento, los medios de comunicación han comenzado a trabajar para organizarse de forma libre, y eso es un paso fundamental.

Muchos somos los que sentimos que el mundo está en medio de movimiento que puede marcar todo nuestro futuro, el de todos. No niego que esta afirmación puede estar llevada por la proliferación de informaciones sobre este asunto en los últimos días, aunque yo creo que hay que tomar bastante en serio el movimiento en general. El tiempo dirá si estas sensaciones son exageradas.

La cuestión es que los jóvenes se están moviendo, la ciudadanía se está moviendo, de otra forma sí, pero con resultados, o al menos eso parece de momento.

Ellos los tienen muy claro. Los que hablan en los medios, siempre en nombre de todo el grupo, lo tienen muy claro. La organización está perfectamente creada y, a raíz de lo ocurrido, podemos concluir que saben cómo pasar a la acción de forma coordinada.

Ante esto, bajo mi punto de vista, se plantean muchas cosas: el orden político, económico y social y, por la parte que me toca como profesional de la comunicación, el futuro de los medios tal y como están concebidos en la actualidad.

La semilla está puesta, ahora hay que verla germinar y ver cómo los dirigentes mundiales, tanto económicos como políticos, reaccionan ante esta nueva situación. Por ahora, ya han escrito más de una página de la historia contemporánea.